BOCA Y RIVER: REALIDADES SIMILARES Y OPUESTAS A LA VEZ

Boca y River están pasando por un gran momento futbolístico e institucional. El Xeneize, vigente campeón del torneo local, se encuentra en la cima del certamen con puntaje ideal. Seis jugados, seis ganados y seis puntos arriba de sus inmediatos perseguidores. Por su parte, El Millonario se ubica entre esos escoltas de la Superliga pero además, disputará las semifinales de Copa Libertadores y Argentina, luego de triunfar ante Atlanta 4 a 1. La realidad es que ambos pelean por títulos y se perfilan como principales protagonistas en cada competición, aunque también sus vivencias son dispares.
Boca arrancó la Superliga de maravillas, jugando en un nivel superlativo y demostrando jerarquía individual y colectiva. También mostró personalidad en los partidos bravos. El primero fue en la Fortaleza Granate, ante el siempre difícil Lanús de Almirón, semifinalista de la Libertadores. Por la segunda fecha, Boca lo venció 1-0 en una cancha en la que prácticamente era imposible jugar por la lluvia torrencial y el estado del césped. La segunda parada complicada, fue de local. No por el rival, sino por la situación. El conjunto de Guillermo dominaba, pero no convertía. Y el Tomba acertó con Galeano. El cotejo se hacía cuesta arriba. No obstante, el Xeneize nuevamente sacó a relucir su chapa y en una magistral tarde de Pablo Pérez (2 tantos) goleó 4-1. A partir de allí, Rossi no sufrió un gol más por el torneo y Boca enfiló todas victorias.

 

River comenzó de igual manera la competición local, aunque en los últimos tres partidos se cayó. Ganó los tres primeros –entre ellos Banfield- pero en los restantes declinó su nivel. Y todos bajo una misma premisa: el Millonario no pudo aguantar el resultado. Contra Argentinos ganaba 1-0 gracias al Pity Martínez pero se lo empataron. Ante Tigre, lo mismo. Tanto de Scocco, tempranero, y Janson lo igualó en el primer tiempo. Inclusive, Lux tapó un penal en este encuentro, para no culminar en desgracia. Y el reciente vs Atlético Tucumán. Ganaba cómodamente 2-0 y pintaba para goleada. No cerró el encuentro y el Decano estampó la paridad desde los pies del Pulga Rodríguez y Blanco. También el dueño de los tres palos salvó las papas como ante el Matador, pero en esta ocasión fue Batalla. El joven arquero, tan injustamente cuestionado en reiteradas ocasiones, le atajó un misil a Ismael que podría haber sentenciado el 3-2 definitivo, ya que sucedió a los 40’ del ST.
A la inversa, Boca no da pie con bola en los partidos mano a mano. Arrastra ese karma desde el año pasado, más precisamente en aquella semifinal de Libertadores ante Independiente del Valle. Tanto en la ida como en la vuelta sufrió una categórica derrota que se transformó en histórica para el pueblo boquense. De hecho, significó el fin de ciclo de muchos jugadores. Allí el Xeneize no le encontró la vuelta al inexperto pero complicado equipo ecuatoriano, que a posteriori caería en la final. Y ya que hablamos de “karmas”, Rosario Central por Copa Argentina parece ser el villano favorito del equipo de la ribera. Tras aquella polémica en 2015, los Canallas se vengaron en los subsiguientes años, eliminándolos en cuartos y octavos de final, respectivamente.  El equipo de Guillermo jamás le encontró la vuelta a este tipo de cotejos. Cuando lo incomodan o le proponen un juego poco convencional, hace agua. Siempre siguió un esquema a rajatabla y no modificó. Al no acoplarse a lo que pedía el encuentro y no adaptarse a los contextos, termino pagándolo caro con sendas eliminaciones. Tal vez esas derrotas del pasado, sirvan para no repetir errores de cara al futuro.
Lo contrario sucede en River. Gallardo es un especialista en los duelos mano a mano. Las situaciones adversas son las que mejor le asientan. Sabe adaptar el equipo y las piezas al ambiente y potencia lo mejor de cada uno. Los pocos contratiempos que pasó en las copas, los enfrentó con madurez, aggiornando el engranaje del conjunto y modificando cuando las situaciones de juego lo ameritaban. Por eso obtuvo la Copa Libertadores 2015, amén de un gran grupo de jugadores. Hoy en día sigue con vida en ambas competiciones a partido único e ida y vuelta, respectivamente. El caso más concreto de reponerse a situaciones desfavorables, es el lapidario 8-0 a Jorge Wilstermann.

 

El paralelismo en juego, hegemonía, poderío económico y plantel es notable. Grandeza, les sobra. Siempre obligados a pelear y ser actores principales. Boca se caracteriza en su esencia por ser un equipo aguerrido, de dientes apretados y capaz de sobrellevar encuentros definitivos. River, en su ADN, tiene el buen trato de pelota y juego lírico, siendo uno de los clubes que mejor le caben los torneos largos. No por nada es el máximo ganador de campeonatos locales, a pesar de que la gran mayoría haya sido en formato corto. Más allá de esta correspondencia, en la actualidad y a modo de burla en la historia de cada uno, van contra sus orígenes. Porque el Xeneize es el más regular y River, el de la mentalidad ganadora en duelos mano a mano.
En menos de tres semanas, más precisamente el 5 de noviembre en el Monumental, se verán las caras por la Superliga. Boca llega con la posibilidad –si le gana a Belgrano por la 7° fecha- de igualar la mayor racha de victorias consecutivas en un inicio de campeonato de la era profesional. ¿Quién la ostenta? Justamente, River. El Millonario defenderá ese honor y además podría ser el encargado de arrebatarle esa chance al equipo de los Mellizos. Solo el destino determinará que les depara el futuro. ¿Triunfará la regularidad de Guillermo y compañía, o Gallardo y los suyos podrán imponer su madurez en los partidos definitivos? En un Superclásico, nunca se sabe. Por lo pronto, lo tangible es que ambos viven realidades similares y opuestas a la vez.

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