CON LA SOGA AL CUELLO

Ayer, el Barcelona de Messi recibió un cachetazo de realidad. Un mazazo. Los de Zidane los bajaron de un hondazo y les hicieron sentir que no están a la altura del mejor equipo del mundo. Muy lejos de darle pelea. Y más alejado todavía, queda ese Barsa de Guardiola en 2009. Ni un destello de aquel. Porque en el partido del miércoles por la noche europea, el Madrid superó, inclusive, en la posesión del balón al equipo culé. Algo impensado, teniendo en cuenta los antecedentes. Le ganó en su cancha, en su terreno y lo dominó hasta el propio aburrimiento. Le dio una cucharada de su propia medicina…
Por Catalunya todavía miran con nostalgia las viejas épocas, con Pep al mando de la brújula, guiando el camino. Se lamentan que ya nada sea como antes. Se perdió un estilo. Un legado. Una idea. Es cierto que tuvo una camada de futbolistas memorables: Xavi, Iniesta, Puyol y Messi. Pero detrás de ellos, de las estrellas necesarias en todo equipo ganador, había un proyecto. Un engranaje. Porque si una figura estaba mal o no podía jugar, quien entraba se adaptaba al sistema y rendía. Hoy, lejos de eso, el Barcelona no sabe que quiere. Ni a donde va. Ni proyecta como antes. Messi sigue sin renovar y la directiva se empeña en hacer las cosas mal, hasta correr el riesgo de aburrirlo. Quizá Neymar, más que villano, fue un previsor. Supo con antelación la que venía y pegó el portazo a tiempo. ¿Lo hará el 10?
La historia del Barcelona, en el último tiempo, parece cíclica. A comienzos de la década del 80’, el equipo no pasaba un buen momento y el entonces presidente, Núñez, desembolsó varios millones en el mercado de pases, entre los que estaba Maradona. Tras un gran fracaso, en el 88’ se produce un quiebre: Cruyff llega al banco para darle un antes y después al club. Cuatro títulos de Liga consecutivos y la conformación de un Dream Team. Hasta que, nuevamente, se avecinaba la crisis. Núñez renuncia y asume Gaspart. A principios del vigente siglo, trae jugadores como Riquelme y Saviola. Comandados por Van Gaal, nunca lograron pisar fuerte en Europa. Y otra vez, los cuestionamientos. Volantazo. Llega Laporta y arranca la renovación. Rijkaard-Guardiola y La Masía. El resto es la historia escrita a puño y letra de Pep. Pero todo lo bueno, termina. Ni el mismo Messi pudo salvarlo. De nuevo, las estrellas: Neymar. La MSN ocultó la crisis, pero con la baja de un eslabón, desnudó la realidad. Sin proyecto, sin un DT ni refuerzos de jerarquía y con un presidente incompetente, los de Catalunya van a la deriva. ¿Acaso habrá que esperar a que llegue la dupla Puyol Presidente – Xavi DT para hablar de una reconstrucción? Solo el tiempo dirá. Mientras tanto, como argentinos, no tenemos nada que envidiarle a su reciente pasado.
Por su parte, el Real es todo lo contrario. Autosuperándose constantemente. Porque este Madrid no solo gana, como acostumbra. Dejo de ser el amplio dominador del fútbol solamente por sus estrellas y millones de euros. Actualmente, da gusto verlo jugar. Porque tiene un rendimiento colectivo inexpugnable. Todo mérito de Zidane, no tengan dudas. Un DT que llegó visto de reojo, y un año y medio después, se posiciona como uno de los mejores –o el mejor- entrenadores del mundo. Zizou tuvo un espaldarazo gracias a su etapa de jugador y lo que significó para la Casablanca. Pero también, fue humilde y aprendió. Algunos se reían de sus charlas con Bielsa, pero algo de eso se puede ver en el Madrid. Un equipo que, tras 9 años, superó en posesión de pelota (52%-48%) a quienes impusieron esa premisa en el Siglo XXI. Un mediocampo con dos exquisitos como Modric y Kroos, junto a un todoterreno oriundo de Brasil. Casemiro siempre se encuentra bien parado al momento de dar los relevos, dándole sostén y libertad al equipo. Este es el verdadero eje madridista, no la BBC. Porque ayer solo jugó Benzema. Ni el mismo brasileño jugó. Así y todo, el primer tiempo fue un baile de los merengues. Lo imprescindible de tener un buen sistema, por sobre todas las estrellas. Ronaldo lo vio desde afuera tras su polémica expulsión, pero quien se disfrazó de crack –aunque él no lo sepa- fue Asensio. Un revulsivo que llegó hace exactamente un año, por recomendación del tenista Nadal, y ayer dio una función de gala, cuya asistencia era solo de blanco.
El mejor Real Madrid expuso todas las falencias del peor Barcelona de los últimos tiempos, aún con el mejor del mundo en sus filas. Lo de ayer, en el campo de juego, fue una lección futbolística. Un conjunto culé ahogado por la presión de los blancos. Sin saber qué hacer con la pelota. Revoleándola por lo alto del Bernabéu. Zidane contribuyó a ese juego de asfixia en tres cuartos de cancha, en el primer y segundo pase. No le permitió salir. Y lo condenó. Golpeó primero con un golazo de Asensio y Benzema finiquitó el asunto. Lo dejó prácticamente sin aire y se coronó Supercampeón. Tras esto, el Barsa tendrá dos problemas por delante: cómo reponerse de esta durísima derrota y lograr que el 10 rubrique su contrato. De lo contrario, no quedará agobiado solo por su clásico rival, sino que también, el mismo Messi, dejará a los directivos al borde del abismo y con la soga al cuello.

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