CONTRA TODOS LOS PRONÓSTICOS

Cuatro veces se había llegado a la final de la Copa Davis. 1981, 2006, 2008 y 2011. Y en todas ellas vimos como el resto festejaba, inclusive en nuestra propia casa. Era una maldición inquebrantable. Cada vez que estábamos a punto de alcanzarla, se escurría por entre nuestros dedos. Hasta en 2008 nos dimos el lujo de ir en contra de nuestra propia idiosincrasia. Tenística, pero no cultural. Porque se abandonó el polvo de ladrillo por la carpeta. Pero, por otro lado, seguimos con la típica soberbia argentina, la cual nos jugó una mala pasada y nos dejó con las manos vacías. Hasta que, en el día de ayer, el maleficio se pudo romper de una vez por todas, gracias a una reinvención prácticamente cultural.
Llegó Daniel Orsanic al mando de equipo, un capitán con un carácter y una estrategia formidable. Un hombre al cual nunca le tembló el pulso al momento de tomar decisiones, pese a los cuestionamientos. Pero fundamentalmente entendió que, más allá de que el tenis sea un deporte que en la cancha se disputa mano a mano, no es para nada una actividad individual. Y que, para ganar la Davis, debía organizar de la mejor manera la orquesta. Necesitaba consolidar un grupo, con un sentido de pertenencia y con un objetivo en común. Tuvo que domar los egos de cada uno, para que entendieran el rol individual que ocupan en este colectivo. Les transmitió valores que se habían perdido, o quizás nunca habían estado en un equipo argentino que compita en este torneo. Por eso convenció a Juan Martín Del Potro, la mejor raqueta argentina de la actualidad, de integrar el equipo y liderarlo. Él tenía que ser el director de la batuta. Los demás, debían trabajar por el bien común y acoplarse de la mejor manera posible, comprendiendo a la perfección el papel y la obligación que tenían. Pasaron muchos nombres y cada uno fue protagonista en las distintas series, todas de visitante, y todas muy, pero muy lejos de casa. Aunque todas ellas con un denominador en común: en pos del bien del grupo.
En psicología, se define a la resilencia como el conjunto de mecanismos y factores que posee una persona para adaptarse y superar situaciones adversas. Es cierto que la vida te pone obstáculos, pero los limites se los pone uno mismo. Y esto Del Potro asimiló con madurez. Porque en octubre de 2015, compartió en las redes una foto entrenándose con la frase “Si pensás que estoy derrotado, quiero que sepas que me la sigo jugando”. Se reconstruyó, se reinventó y en 2016, retornó como un campeón. Juan Martín tuvo su año soñado, ya que derrotó a Wawrinka en Wimbledon, a Djokovic y Nadal en Rio de Janeiro y a Murray en Glasgow. Y ayer, asumió el papel de líder y salvador, cuando las “papas quemaban”. Porque fue quien allanó el camino para la victoria y el que iluminó el trayecto hacia la gloria. Y vaya que lo hizo. Lo consiguió cuando todo parecía volverse negro. Cuando la oscuridad prevalecía por sobre todas las cosas. Cuando los fantasmas del fracaso acechaban nuevamente. Y con un 0-2 vs Cilic, en el punto definitivo de la serie en Zagreb, con un dedo fisurado –según sus palabras- y la estadística de que nunca había remontado esa desventaja en un partido a 5 sets en toda su carrera, el sueño parecía sucumbir nuevamente. Pero por algo volvió. No por nada dejó atrás la idea del retiro, y se convenció que tenía muchísimo más para darle al tenis, a sus fanáticos y a sí mismo. Quería construir su propio imperio en el mundo del tenis. Anhelaba más que a cualquier cosa u objeto la Ensaladera. Quería quedar en la historia grande del deporte nacional y en la inmortalidad al lado de un nombre como el de Vilas. Pero todos estos logros, no se comparan con el más importante en su vida: Delpo, logro vencerse a sí mismo.
Respecto a Delbonis, disputó el partido de su vida. Había dejado destellos de grandeza en el primer punto vs Marin. Y en el último, se olvidó por completo que estaba siendo protagonista del punto de la serie más importante en la historia de Argentina. Logró abstraerse del ambiente que se estaba viviendo en la cancha, salvo cuando la gente le recordó que le faltaba un solo tanto para el triunfo al canto de “una más y no jodemos más”. Fueron los peores segundos de Fede, ya que titubeó, le jugaron una mala pasada los nervios, y tuvo dos errores no forzados. Orsanic, como gran líder, con su palma abierta le pidió calma a la gente y el público entendió. Por eso se llamó a silencio. Hasta que Karlovic devolvió esa pelota larga. Y ahí explotó el estadio. Delbonis revoleó la raqueta y se desplomó en la cancha, con una mezcla de sensaciones que ni el mismo podría traslucir en palabras. Jugó como en su ciudad natal, Azul, cuando peloteaba con el frontón y se divertía para lograr lo que hoy en día conquistó: quedar en la historia. Minimizó al “Gigante de Salata” de 2,11 metros y lo bajó a la realidad de un hondazo, como lo hizo David con Goliat. Le dio cátedra de cómo jugar un partido definitivo y de tamaña trascendencia a quien mayor potencia tiene en el servicio de la actualidad, y cerró con broche de oro el 27 de noviembre, el cual tuvo a la gran mayoría de los argentinos frente al T.V. durante el desayuno, el almuerzo y la merienda, para finalmente cenar con una Ensaladera de plata…
Recuerden para siempre todos los detalles de este 27 de noviembre, soleado, alegre y caluroso. Con quién lo vieron, en dónde estaban y qué hicieron durante el mismo, porque el día de mañana se lo tendrán que contar a sus hijos o a sus nietos. Argentina consiguió en tenis, el homónimo a la Copa del Mundo de Fútbol. Lo aclaro para aquellos desprevenidos. No es un espejismo, no es un sueño, ni es tu imaginación. Se ganó una Davis muy cuesta arriba. Porque no había ningún jugador argentino dentro del top ten. Porque todas las series se jugaron de visitante, muy lejos de casa. Porque cuatro finales habíamos quedado en la puerta. Un mítico cantante de nuestro país que ya no está entre nosotros, pero si en nuestros corazones, versaba “tarda en llegar, y al final, al final hay recompensa”. Y vaya que ahora si la hay. “Un equipo, un país, un sueño” fue la insignia de este conjunto. También lo fue la dedicatoria del capitán para todo el deporte argentino, argumentando que el triunfo es de todos ellos. Estas frases quedarán por siempre, como la humildad de este grupo. Pero hasta el fin de nuestros días, quedará inmortalizado en nuestra retina que este equipo, nos trajo la Davis contra todos los pronósticos.

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