EL ABRAZO DEL TENIS

Este fin de semana nos regaló un acontecimiento inédito en el mundo del tenis: el abrazo entre Roger Federer y Rafael Nadal. Protagonistas de la mayor rivalidad del Siglo XXI –o de todos los tiempos-, el sábado dejaron sus diferencias tenísticas de lado para compartir el mismo lado de la red. En medio de la Copa Laver, competición ideada por el suizo e impulsada por Team 8, el 1 y el 2 jugaron juntos. ¿Por qué? Este torneo de exhibición enfrentó a los mejores europeos contra el combinado del Resto del Mundo. Por ende, el español y el oriundo de Basilea, fueron compañeros, junto a Thiem, Zverev, Cilic y Berdych. Sus rivales fueron mayormente estadounidenses, a excepción del australiano Kyrgios y el canadiense Shapolavov.
La competencia es la primera en la historia y duró tres días con un formato inusual para el tenis. En cada jornada se jugaron tres singles y un dobles, al mejor de tres sets. Si había empate, se definía a un Supertiebreak de 10 puntos. El puntaje correspondía al día jugado (1°=1pt., 2°=2pts. y 3°= 3pts.) y quien llegase primero a 13, obtendría el título en honor al único ganador de los 4 GS en una misma temporada. Además, lo novedoso de la superficie dura era su color gris ceniza y también, ser indoor. Por último, cabe destacar que el formato exhibición, no reparte puntos en el ranking ATP.
Con las innovaciones sobre la mesa, sumada a la mente maestra de Federer, el torneo no defraudó. Estuvo bien pensado, con novedades no solo en la modalidad de juego (Supertiebreak), sino en lo estético para su televisación -por ejemplo, la cámara en los bancos cuando descansan los jugadores-. La competición nos demostró incluso algo impensado en un torneo “por los puntos”, aunque no los reparta en el ranking: Nadal y Federer en pareja, sufriendo por la obtención del triunfo del uno para con el otro. Uno podría llegar a concebir que, al ser exhibición, los tenistas reservarían sus energías. Nada de eso ocurrió. El llanto de Kyrgios luego de la derrota contra Federer en el partido decisivo, o el efusivo abrazo de Nadal con el suizo tras su victoria, son consecuencia de la competitividad que trajo este certamen. La originalidad del mismo, hace que el espectador se sienta atraído por él. Tras el debut, se posiciona tranquilamente a la altura de un GS, sumado al toque de frescura que le trae al ajustado calendario.
La Copa Laver nos obsequió el sábado ver a Federer y Nadal como dúo, enfrentando a Sock y Querrey. El 1 y el 2 jugaron por primera vez en la historia juntos en dobles. En un deporte individual, a veces mezclar a los mejores, no necesariamente es una buena opción. Este no fue el caso, porque la dupla Roger-Rafa batió a los americanos en el tie break final. La disciplina en parejas es sumamente distinta a la individual, pero gracias a la jerarquía de ambos, sortearon el obstáculo. Al día siguiente, con ventaja a favor de los europeos, el combinado del resto del mundo llegó con chances de forzar el famoso partido desempate a dobles. Con la caída del mallorquín, si Kyrgios vencía a Federer esto se definía allí. Pero el suizo hizo de las suyas, nuevamente. Sufrió, como el mismo Rafa y compañía, pero finalmente dejó la Copa en el viejo continente. El australiano estuvo al borde de la remontada con el último suspiro. El grito vehemente de Roger tras el triunfo, manifestó la honra de esta nueva competición. Las lágrimas de Nick, potenciaron la valoración. Ni hablar de la explosión del banco azul, con el número 1 del mundo a la cabeza, celebrando la victoria del 2° del ranking ATP.
Sin lugar a dudas, esta invención de Federer –como todo lo que sale de su mente- dará más satisfacciones que cualquier otro sentimiento. Un show digno de cualquier Grand Slam o de la Copa de Maestros. Los distintos enfrentando a los más destacados. El poderío europeo ante el dominio del resto del mundo. Pero claro, los del viejo continente, cuentan con una ventaja superlativa. Diferencial. Alevosa. Casi lapidaria. Porque en sus filas cuentan con Roger y Rafa. Dos extraterrestres, que el sábado compartieron cancha y el domingo, con la conquista del título, se fundieron en un caluroso saludo. Fue el abrazo del mismísimo tenis.

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