EL CONDE PONE EN “OBRAS” SU ACECHO

Walter Herrmann, ex Generación Dorada, jugará esta temporada en Obras Sanitarias tras su polémica partida de San Lorenzo de Almagro, club del cual es hincha y en donde consiguió su mejor nivel basquetbolístico. Firmó contrato por una temporada con el club de Núñez.

 

Fue la novela del mercado de pases de la Liga Nacional de Básquet. Entre idas y venidas por su renovación con San Lorenzo, muchos equipos querían contar con los servicios del alero olímpico.  Finalmente,  a sus 37 años, el Conde se definió por Obras y vestirá por primera vez en su carrera esa camiseta.
Mucho se habló del conflicto que hubo entre Herrmann y San Lorenzo. Desde el lado del club, alegan que el alero nunca informó su futuro –especuló con retirarse- y por eso se contrató jugadores en su puesto. Pero cuando Walter y su representante informaron que jugaría –al menos- un año más, el Ciclón trató de llegar a un acuerdo económico que no prosperó. En contrapartida, el jugador mediante su cuenta personal de Twitter, hizo su descargo ante tantas versiones. Entre otras cosas, expresó que el responsable de su partida era Julio Lamas, el coach cuervo, ya que “buscaba un 4 con otro perfil” y a su vez, aclaró que “si fuese un tema económico, hubiese aceptado alguna de las excelentes ofertas que he recibido en estas semanas”. Minutos más tarde, el D.T. por la misma vía, salió al cruce del jugador defendiendo la postura del club que en todo momento quiso retenerlo.
Sin dudas es una baja sensible y dolorosa para el Ciclón. Pero más doloroso debe haber sido para Herrmann, ya que se dio el lujo de jugar para el club de sus amores y se fue por la puerta de atrás, pese a terminar con la liga bajo el brazo y el premio de MVP (jugador más valioso). El Conde deseaba como nadie finalizar su carrera allí, más aún con lo que significaba la vuelta a Boedo para cada hincha como él. Lamentablemente no se concretó la renovación y por eso decidió emigrar al club de Núñez, quien había sufrido la baja de Marcos Delia al Murcia español.
Para los desprevenidos, Walter Herrmann sufrió varias adversidades durante su carrera y, justamente por eso, coqueteó con el retiro varias veces. Primero en 2003, en su máximo esplendor en Europa, cuando jugando para Baloncesto Fuenlabrada se convierte en la revelación de la temporada siendo el MVP y catapultándolo hacia el Unicaja de Málaga. Pero el infortunio se cruzaba en la vida del “blondo” y, el 19 de julio del mismo año su familia sufre un accidente automovilístico al chocar contra otro auto, en Córdoba, falleciendo en el acto su madre, hermana y su novia de aquel momento. Walter tuvo que dejar la concentración Argentina (que jugaba un partido preparativo para el Sudamericano vs Venezuela) e ir a reconocer a sus familiares. Luego de este duro golpe, barajó la posibilidad de dejar el básquet. Pero juntó fuerzas, prosiguió con su sueño de pequeño y pudo recomponerse para seguir jugando tanto en su equipo como en la selección Argentina. Al año siguiente obtiene el Campeonato Sudamericano de Básquet, ante el local Brasil. En este partido, disputado el 18 de julio de 2004, se consagra como figura. Pero nuevamente, como hace exactamente un año, otro fatídico hecho se presentaba en la vida del alero: en pleno festejo de aquel título, horas después del encuentro, se entera que su padre fallece a causa de un ataque cardíaco, justo un año después de aquella tragedia en ruta vivida por su familia. Parecía que el trauma no tenía fin para Walter. No bajó los brazos. Hasta se comunicó con su tío y le pidió si podía quedarse con la selección para seguir jugando. Le dio el ok. Y al mes siguiente, todo cambiaría para él. Si bien es cierto que un logro deportivo no reemplaza a una familia, fue una conquista épica: por primera vez en la historia, la selección Argentina de Básquet se coronaba con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y derrotando en semifinales al invencible Dream Team.
A sus 30 años, decidió ponerle punto final a su carrera para disfrutar de sus allegados. Pero sabía que no podía estar sin la anaranjada en la yema de sus dedos. Por eso, combinó ambas y volvió a su ciudad natal para jugar en Unión Deportiva. Como en la infancia, con los de siempre, disfrutaba del juego de sus amores cumpliendo uno de sus sueños. El otro: jugar en el club del cual es hincha. Cuervo de toda la vida, gracias a su familia, quienes les contaban anécdotas del Viejo Gasómetro, pudo concretarse su llegada al club de Boedo tras un llamado de Marcelo Tinelli. Y en la temporada 2015/2016 consiguió el titulo con la camiseta que más ama en el mundo. No le importó jugar el último partido de la final con un desgarro. No había dolor en el cuerpo de Walter. No existía esa palabra. Después de lo sufrido, en ese momento era todo felicidad, celebrando con sus hijos menores uno en cada brazo en el parqué. Y bien dentro suyo, imaginará el orgullo que debería sentir su padre, bien lejos pero muy presente a la vez.
Sin dudas que la historia de vida de Herrmann es muy dura pero ha sabido reponerse de manera notable. También es cierto que el básquet lo ayudó mucho a despejar su mente y concretar sus sueños tanto deportivos como personales. Fue campeón con el club de sus amores y disfruta de sus 3 hijos como así también a su mujer. Pero todavía tiene mecha para un año más y por eso decidió firmar con Obras Sanitarias. Como su ídolo, el Conde de Montecristo (de ahí su apodo) quien retorno de las tinieblas para cobrar venganza por ser encarcelado de manera injusta, el (ahora) Conde de Núñez, buscará llevar sus volcadas y sus triples al norte de la Capital, para silenciar a quienes lo retiraron y sus detractores. Mientras tanto, el Conde pone en obra su acecho.

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