EL ÍDOLO TICO DE KEYLOR NAVAS

No hace falta describir las condiciones técnicas y capacidades que posee el arquero del Real Madrid, Keylor Navas. Todo el mundo las vio en aquella histórica campaña realizada por Costa Rica en el Mundial 2014, en tierras brasileñas. Allí, llegaron a los Cuartos de Final. Los holandeses eliminaron a los ticos y rompieron con sus aspiraciones de meterse entre los cuatro mejores del planeta. Navas no pudo disfrazarse de héroe, como sí lo fue en Octavos, y Holanda se llevó la serie de penales por 4-3. Ahora bien, ¿cómo aprendió el arquero esta cualidad de atajar penales y quién fue uno de sus mentores? He aquí la historia de uno de sus ídolos, su compatriota, Léster Morgan.

 

Morgan fue un arquero de Costa Rica que jugó en Herediano, uno de los equipos más galardonados en el país. Allí pasó la mayor parte de su carrera. Incluso, gracias a sus actuaciones, fue convocado a la selección e integró el plantel del Mundial de Corea-Japón 2002, aunque no disputó ningún encuentro. Si lo hizo en 1995, en el Mundial sub-20 jugado en Qatar. Pero dejando de lado el plano futbolístico, lo más interesante de Léster, es su historia de vida y cómo culmina. El guardameta en sus inicios se posicionó como delantero y a posteri, como defensor, aunque tiempo después tomó conciencia de que su lugar era bajo los tres palos. Mal no le fue. Dueño de una personalidad extravagante, bromista y alegre, Léster encajaba en cualquier grupo y se ganaba el corazón de sus más apegados.

 

Siempre con una sonrisa en su rostro y optimista por sobre todas las cosas. De hecho, su carrera futbolística puede resumirse en una frase, que él mismo utilizaba a menudo para automotivarse: “Cuándo me caigo, me levanto más grande todavía”. Esta referencia, alude a sus constantes lesiones sufridas en sus rodillas. En Costa Rica era considerado el guardameta del futuro, una vez que Erick Lonnis, capitán del seleccionado por ese entonces, colgase los guantes. Sus actuaciones en el Herediano y su virtud para atajar penales, lo catapultaron a jugar un año en la Liga de México. Pero otra vez, su cuerpo no le permitió triunfar como el soñaba. Su amor por el club lo hizo retornar a la institución que mayor cantidad de alegrías le dio. Y por esas cosas del destino, su felicidad nunca fue en plenitud.

 

De sus idas y venidas por la posición a su consolidación como número 1, hasta sus lesiones crónicas que lo imposibilitaron de jugar durante largos periodos de tiempo. Él jamás se rindió. Peleó hasta el final por cumplir su sueño de quedar en la historia grande bajo los 3 palos. Su espíritu de lucha y constante superación, a pesar de la adversidad, era profundamente admirada por sus pares. Lamentablemente, su último partido, fue agridulce. Jugó contra el máximo rival, Cartaginés, y triunfaron por 3-2. De hecho, el arquero fue uno de los héroes al tapar un penal. Pero otra vez, su cuerpo le jugaba una mala pasada. Por una molestia en la rodilla tuvo que abandonar el campo de juego y no pudo disputar la totalidad del encuentro, el último de su vida. “He tenido muy mala suerte con las lesiones, pero trato de seguir adelante y no dejarme ganar por eso”, explayó al final de ese encuentro.

 

Su carrera deportiva, como su vida, terminó de manera trágica. El jugador, en plena recuperación de su lesión, decidió alquilar una cabaña para tranquilizar su mente y enfocarse de lleno en su vuelta. Con seguridad, ante la consulta del porqué definió ese lugar, explicó: “Voy a volver a jugar y pronto todos van a estar hablando de mí”. Al menos, eso parecía. Lo que nadie imaginó, es que esa vez, sería el último diálogo que tendría con la prensa o cualquier otro mortal. En esa misma cabaña, en medio de una locura inimaginable y que nadie percibió, Léster le puso fin a su vida de un disparo en la sien. El suicidio lo tenía preparado, pero ningún compañero lo notó. Un amigo, al pasarlo a buscar para ir al entrenamiento, lo encontró desplomado en el suelo, con un maletín y cuatro cartas allí: una dirigida a su madre, otra para Donald Carvallo, amigo que encontró el cadáver, otra para la madre de su hija menor y una para la dueña de la cabaña en la que se quitó la vida. En las mismas, explicaba que las pensiones alimenticias que debía pagar por sus dos hijos lo tenían asfixiado.

 

Jamás alguien se imaginó que ese “pronto van a estar hablando de mí” seria de su trágica muerte. Con tan solo 26 años, tres mujeres lo hostigaron hasta tomar la terrible decisión. Detrás de su optimismo, se escondía un drama personal, una angustia que terminó de manera fatal. Humilde y sencillo, su inclinación obsesiva por las mujeres y su propensión a lesionarse, lo llevaron a la ruina tanto económica, como personal. La historia de Morgan será recordada por su perseverancia, pero también con esta fatídica decisión. Por su parte, Keylor Navas lo tomó como referente por lo primero, y su admiración en la forma de atajar penales gracias a sus reflejos. Por lo visto, aprendió bastante de Léster.

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