EN PLENA OSCURIDAD, AÚN HAY UN DESTELLO DE ESPERANZA

Tristeza. Dolor. Desazón. Bronca. Impotencia. Incredulidad. No alcanzan las palabras. No hay adjetivos que califiquen lo que siente el pueblo argentino. Los mismos jugadores deben estar pasando por lo mismo. Se da por hecho que la camiseta les importa, que honran los colores y están orgullosos de la Selección. Al menos desde aquí, no discutimos eso. ¿Cuestionarlos? Sí, hay que hacerlo, de manera constructiva. No se puede faltar a la verdad. ¿Liquidarlos? ¿Pedir sus cabezas? ¿Qué el mejor del mundo renuncie a nuestra camiseta? No podemos caer en ese absurdo. En lo estrictamente futbolístico, si uno analiza en frío, de manera racional, puede llegar a una conclusión muy evidente y clara: se dio la lógica.
Croacia fue muchísimo más que Argentina y expuso todas las falencias del equipo de Sampaoli. Aunque simplificar la catástrofe (futbolística, claro está) en un mero partido, sería caer en un pobre reduccionismo. Porque la declive comenzó desde hace tiempo. Tuvimos la gloria al alcance de nuestra mano, en Brasil 2014 y no se dio. Después vino la AFA intervenida, el desfile de técnicos; en fin, el caótico “proceso entre mundiales”. Pero zafamos. Como nos gusta a nosotros, los argentinos. Tapamos el sol con la mano y nos olvidamos. Desconocimos el gran laburo de la Copa del Mundo pasada. No se nos dio, es cierto, pero esa era la base para empezar a construir. Y nos desconstruimos hasta el punto de inmolarnos. Porque la clasificación a Rusia 2018 lograda ante Ecuador fue un espejismo. Sin proyecto, valores, sacrificio, y un verdadero trabajo. Fue, simplemente, tener al mejor y ver qué sale. Así, imposible.
El fútbol hace tiempo dejó de ser lo que era. Ya no le pertenece a los revulsivos caraduras que te pintan la cara con sus gambetas. Que se sacan 3 o 4 tipos de encima para convertir un gol épico. A eso lo vemos cada tanto. Obvio que quedamos boquiabiertos y asombrados ante esa magia, y es el más lindo de todos, pero ya no es “solo eso”. El fútbol va más allá. Se convirtió en una especie de ciencia. Hay que observarlo, estudiarlo y realizar hipótesis. La táctica es un factor vital. Desconocerla, seria de necio. Por eso esta Copa del Mundo sorprende tanto y los “históricos” no pueden ante los “débiles”. Porque el escudo, la “chapa”, la camiseta ya no pesa. Prevalece el uso y abuso de la tecnología, el proyecto a largo plazo, y por sobre todo, el momento junto a la explotación de los recursos. Argentina, con Sampaoli a la cabeza, no hizo nada de eso. Pecamos de soberbios, desprestigiando a los rivales y sobrando el grupo: “es un grupo accesible, pasamos nosotros y Croacia”. Ya es cultural y no sorprende. Lo que sí impresiona, es que quienes están capacitados para dar el valor agregado y comandar el barco, sean así. Hasta es utópico. “La pelota parada no es determinante” dijo el DT y la estadística marca que más de la mitad de los partidos de este Mundial se definieron de esa forma.
Del partido ante Croacia, se puede hacer un pantallazo de análisis táctico, aunque no fue lo determinante. El técnico confundió los partidos. El debut era para el equipo que plantó en cancha ante los croatas y al revés, con el de ayer. No combatir a Modric y Rakitic (de los mejores mediocampistas del mundo) con la dupla de contención Biglia-Mascherano fue subestimar la capacidad de creación del rival. Y se pagó demasiado caro. Es verdad que si en el primer tiempo entraba el disparo de Enzo Peréz, tal vez hablamos de otra cosa. Quizá eso le daba el envión anímico que Argentina necesitaba y elevaba la confianza. Pero no se puede hablar de supuestos. La realidad nos aplastó. Era cuestión de tiempo que el exceso de pases a Caballero terminase en tragedia. Y pasó. Caerle solo a él sería injusto. Un error técnico lo condenó y condicionó el partido. La adversidad y el miedo a perder es el enemigo número uno de este equipo. Por eso ni el mismo Messi -que prácticamente no participó ni en la elaboración ni en definición- pudo hacer algo. Tampoco los revulsivos como Pavón o Dybala. Ya era demasiado tarde. Aunque matemáticamente, estamos vivos. Ojalá se de el milagro. Dios quiera que Nigeria le gane a Islandia y que tengamos una vida más. Ojalá esta daga salga, la herida cicatrice y clasifiquemos a 8°. Por y para Messi, que no lo merecemos. Que esta adversidad nos una y nos engrandezca. Aún en plena oscuridad, todavía hay un destello de luz y esperanza.

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