FÚTBOL Y LOS MEDIOS: COMO NO DESDRAMATIZAR EL DEPORTE

River Plate perdió 0-3 contra Jorge Wilstermann de Bolivia el día jueves 14 de Septiembre por la Copa Libertadores de América. En la semana hasta el partido que se jugó el jueves, se habló de todas aquellas posibilidades sobre el encuentro. “Fue un accidente” sentenció un conocido relator; “Se quedan afuera”  pensaron muchos simpatizantes de otros equipos.
River pasó a ser protagonista de una semana dramática del fútbol; uno de los tantos capítulos de una crónica que por ahora desconoce de apocalipsis y que cada vez más tiene al drama como protagonista. La teatralización del deporte, dramatización, holofonía televisa-radial y el backstage de los protagonistas en redes sociales es todo un hecho. La era de las redes sociales fomentó el drama. ¿Quitó la esencia del deporte? El barón Pierre de Coubertin jamás tuvo en cuenta que el espectáculo, el circo y el entretenimiento de terceros sea parte del  mismo.
Pero, no detalló al fútbol: otra vez, la clásica frase de Dante Panzeri, afirmada por muchos periodistas e inmortalizada por Horacio Pagani sigue vigente y se afirma como la verdadera hipótesis del balompié: “El fútbol es la dinámica de lo impensado”. Ese movimiento que se genera en relación a las causas hoy tiene un gran aliado para obtener estas mismas: los medios.
Los millonarios fueron víctimas de estos y su cuota dramática: sí podían, sino, que podía o no hacer Wilstermann. Amplió la brecha entre hinchas del club, contrincantes, simpatizantes del deporte y porque no protagonistas. Continuó con las típicas chicanas calificadas como folklore, que para algunos escépticos y moralistas poco tienen del mismo. Se agravó y exageró tanto los tres goles convertidos por el elenco boliviano, que se llegó a rotular la victoria riverplantese en el partido de vuelta como “epopeya”, “batacazo”, “hito” y otros sinónimos; subestimando el potencial de los jugadores del equipo de la banda roja. Difícil es y será decirle al fanático que se come las uñas en cada partido de su equipo que no es una epopeya. La exageración de un resultado adverso en Bolivia (terreno hóstil para jugadores sin experiencia en altura), las opiniones descabelladas y sobrevaloración (con todo respeto) de la actuación de Jorge Wilstermann creyó que la remontada del equipo, el desarmado equipo según el ideal colectivo, de Gallardo era en absoluto difícil: producto de la labia teatral, cosa que en el césped del estadio Monumental terminó descolocando hasta al más optimista fanático de River.
Los medios web, televisivos y radiales tuvieron un efecto de sublimación en los jugadores del equipo de Núñez, amén de eso; un segundo efecto tendrá esta victoria con diferencia de ocho goles: como dicen en la calle, el efecto “panqueque”. Efecto paupérrimo, triste y carente de convencimiento ideológico; si hablamos de profesionales de los medios, entramos en un campo de la ética y deontología profesional sobre aquellas cosas que uno afirmó, luego se arrepintió y jamás redimió su error. Claro, uno se rompe las palmas ante una eximia actuación y ya está, total eso alcanza para redimirse ante la opinión pública. Con medios de tendencia a la alimentación de la teatralidad del deporte, se darán más casos de panquequismos, exageración de hechos extra deportivos, inflación y sobrevaloración de distintos deportistas. ¿Debemos acostumbrarnos a esto? ¿Continuamos con un deporte espectáculo dentro del auge del rendimiento deportivo y la ingeniería biológica?  ¿O nos dedicamos a mirar con ojos de admiración del rendimiento de los mismos deportistas y basarnos por la cierta lógica o dinámica que se crea en los eventos deportivos?
La vía de cómo ver el deporte la elegimos como espectadores, para la objetividad están los medios… o al menos aquellos que no se suben al colectivo con cartel de destino “Drama”.

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