GRINGO SCOTTA: “ME QUEDÉ A LOS 37 AÑOS SIN FÚTBOL. AHÍ ME PREGUNTÉ ¿Y AHORA QUÉ? PASÉ UNA DEPRESIÓN INMENSA”

Cuando hablamos de goleadores, el Gringo Scotta es palabra autorizada. Un nueve hecho a la antigua: buen cabezazo, desmarque, potencia y remate de larga distancia. Ostenta el privilegio de haberle roto el récord de goles en una temporada nada menos que a la leyenda de Independiente, Arsenio Erico. En 1975, entre Nacional y Metropolitano, marcó 60 goles. Los mismos que lo catapultaron a la Selección Argentina de Menotti, amén de que el DT no lo quería. Quizá la espina que le quedará por siempre es el no haber jugado un Mundial, cuando inclusive tuvo la chance de hacerlo para España. El Gringo declara como jugaba: sin tapujos y de manera certera. Sus inicios y trayectoria, el descenso de San Lorenzo, el Mundial que no fue por sus diferencias con Menotti, la depresión luego del retiro y la Selección Argentina en la actualidad.
¿Cómo viviste el fútbol desde chico? ¿Soñabas con llegar a primera?
Desde chico me metí en el fútbol, prácticamente desde los 8 años. Ni al colegio iba. Salía de casa y les decía a mis padres que me iba al colegio. Era todo mentira. Me escapaba a jugar a la pelota. Soñaba con jugar en primera en Buenos Aires. Escuchábamos los partidos por radio y después con el tiempo pasaron la Libertadores con Independiente en blanco y negro. Yo no tenía TV y entonces íbamos a un lugar donde vendían electrodomésticos y el dueño dejaba uno con la pantalla hacia afuera para que miremos los partidos. Me dediqué de lleno al fútbol corriendo un riesgo. Yo no estudié y de grande me di cuenta que el estudio es lo principal. Si me iba mal no sé qué hubiera hecho. De todas formas, nunca le escapé al trabajo. Yo trabajé de ordenanza municipal y otras cosas. Por suerte me fue bien.
Luego llega a Unión, que lo catapultó a San Lorenzo…
Me vio Unión jugando en la Liga Santafesina y me llevaron. Después subí en el 70’ a Primera División. Ahí me vio San Lorenzo jugando el torneo. Paralelamente estuve incorporado al servicio militar. Entonces vine, firmé el contrato y me quedé esperando el traslado del servicio para entrenar con el Ciclón.
En San Lorenzo se lo contrata jugando de 8.
Empecé de 8, a veces por algún problema jugaba de 4. Aunque fue una sola vez, contra Platense en la cancha vieja. Después, Domínguez me pasa como 9. Habló conmigo y me dijo de jugar de puntero derecho. Probé y me fue mal. La gente pedía que me vaya. Después cambio el DT: Toto Lorenzo. Seguí como 9 y él vio lo mismo. Ahí arranque a meter goles.
¿El cambio de DT lo benefició en su juego?
El equipo estaba formado. Yo en el medio tenía a Toti Veglio y al Tano García Ameijenda que me metían pelotas en profundidad y yo picaba al espacio. El mismo Oveja Telch hacía lo propio. Y arriba tenía por izquierda a Chazarreta o Lobo Fischer que me la hacían muy fácil. Por eso siempre peleé la tabla de goleadores con Kempes.
Pancho Sá me contó una anécdota de Toto Lorenzo sobre lo detallista y visionario que era. ¿Qué recuerdos tenés de él?
Como entrenador fue un grande. Desde que llegó a San Lorenzo cambió todo el equipo a nivel mental y fuimos bicampeones en el 72’. A mitad de campeonato me fracturé la tibia derecha y estuve parado un año. La gente decía que no volvía más. Él siempre realizó los entrenamientos entre la 1° enfrentando a la 3°. A mí me cuidaba mucho. Al que me tocaba, lo expulsaba de la práctica. “A Scotta no lo toquen, eh”. Cuando estaba en plena recuperación de la pierna me echaba, me decía que le molestaba, que no entrenara. El médico me dio el OK para jugar. Yo no quería salir del entrenamiento. Después fueron a hacer pretemporada a Mar del Plata. Llevó a todo el equipo -incluido a Ricardo Rezza, que estaba enyesado tras una operación de meniscos- y a mí no. Entonces me enojé y fui a pedir el pase para mi poder, pero el presidente no me lo quiso dar. Sentí que no me tenía en cuenta. Luego arreglé con el entrenador y volví. Reaparecí en la cancha de Boca, jugando con la 3era. Toto le dijo al DT de la 3° que me ponga en el 2° tiempo. El técnico me lo comentó y le dije que no había problema. Entré e hice 3 goles en el primer partido después de la lesión. Al otro, me lleva al banco de primera. Metí presión a base de goles. Él se fue y en el 74 fuimos campeones con Osvaldo Zubeldía.

 

A partir de allí, llega a su máximo esplendor y le bate el récord a Erico
En el 75’ salí máximo goleador con 60 goles. Esa dupla del Negro Ortiz conmigo era letal. Era un habilidoso nato. No hacía goles, sino que era asistidor. Yo sabía lo que él hacía y por eso nos entendíamos. Había química. Desbordaba, era rápido, y tiraba centros. Gracias a él hice muchos goles. También hubo un mérito mío de poner esa voluntad para volver y tener confianza en mí mismo tras esa grave lesión. Hay casos en que uno vuelve y te queda ese temor de ir a trabar. Yo siempre le di para adelante. Nunca tuve miedo. Así llegué. La potencia era un baluarte en mi arsenal. Cuando me venden al Sevilla, el médico que me hace la revisación médica me dice “¿usted se fracturó?” Abrí los ojos anonadado y pensé “ahora se cae el pase”. Le respondí que sí, preocupado. Pero me dijo que no había problema: “yo me doy cuenta porque entiendo el tema, a otro le pasa desapercibido. Quédese tranquilo que sanó lo más bien”.
Cuando llega a Sevilla, le tocó demostrar de entrada.
Debuto en un trofeo “Ciudad de Sevilla”. Apenas llegué nos tocó Cruzeiro de Brasil. Empatamos 0-0 y fuimos a penales. Ese era mi debut. El estadio estaba repleto y el último penal me queda a mí. Yo pensaba: “lo único que me falta es errarlo”. Si lo hacía ganábamos y si lo erraba seguíamos pateando. A los penales siempre los pateé fuerte, arriba y a un costado. Normalmente, a la mano izquierda del 1. No les daba tiempo de moverse a los arqueros. En la final nos toca el Betis, clásico de Andalucía. Se vive como un River-Boca. No es tan furioso como acá, en el sentido de los insultos. Es más respetuoso y tolerante. Veías una bandera de Sevilla y otra del Betis al lado sin problemas. Y ganamos 1 a 0 con gol mío. Ahí empecé. Desde el vamos con ganarle al Betis, hacer un gol y obtener el trofeo. Me los gané desde el vamos.
En el 80′ volvés a la Argentina y te toca una de las peores situaciones para un jugador
Estuve un año que jugaba y no jugaba, y al año siguiente me fui a San Lorenzo. Quedo con el pase en mi poder. Y ahí descendimos. Tuvimos esa mala suerte. Yo podría haber seguido jugando en el club, pero por falta de contacto, nunca me confirmaron nada. Entonces hablé con Deportivo Armenio. Ahí recorrí el ascenso: All Boys, Chicago, entre otros. Y deje de jugar en Estudiantes (BA). Mi hermano estaba como ayudante del DT, me llamó y fui, pero jugué pocos partidos. En un entrenamiento me agarró una descompostura que derivó en un ataque de apéndice. Me operaron y después no quise seguir jugando. No me generaban ganas. Tras retirarme, pasé una gran depresión.
En relación con esto, ¿cómo es la vida del ex futbolista?
Es muy difícil. A mí me lo había dicho el Dr. Madero, que fue jugador de Estudiantes de La Plata, campeón del mundo y todo: “Gringo anda pensando de que se está terminando el fútbol. Yo la pase, pero estoy bien ahora porque por una u otra cosa sigo ligado como médico”. Y ahí volvemos a lo que decía antes de la importancia del estudio. Me quede a los 37 años sin fútbol. ¿Y ahora qué? Estaba bien, pero de la nada quedarme parado fue un shock. Ya tenías la rutina de levantarte a cierta ahora, irte, entrenar y volver. Mucho movimiento y de repente no tenés nada qué hacer. La pasé realmente mal, con una depresión inmensa y gracias a mi hijo, mi mujer, familia y amigos le di para adelante. No quería salir de mi casa, me la pasaba fumando y hasta que un día agarré y puse una escuela en San Martín. Por ahí canalicé un poco y comencé a salir de vuelta.
¿Cómo se los trata a las ex glorias de los equipos? Por ejemplo, vos con San Lorenzo.
Conmigo las demás gestiones fueron horribles. Prácticamente no podía entrar a la cancha. Dos veces fui nada más. Cuando San Lorenzo estaba en la B quería ir. Fui con mi hijo y tuve que pagar las entradas porque no me dejaban entrar. Era increíble. Con Matías y Tinelli nos fueron llamando para trabajar en el club. Estamos con muchos del 70’ y eso es lo lindo. Pero recién a partir de esta gestión nos dieron un carnet a cada uno como reconocimiento y entramos al club sin problemas. Así que ahora estamos bien. Pero las demás gestiones, en ese momento que San Lorenzo no tenía cancha por la disputa legal (remate) y jugaba en Ferro, no se podía. Después culminó en el descenso esa temporada.

 

¿Cómo viviste el descenso?
Lo viví mal.Imagináte que me fui bien de acá, goleador y campeón. Y me tocó volver y descender. Me dolió muchísimo. Llegué llorando a mi casa. Mi mujer me decía vení a comer y le decía que no. Me acosté solo, no tenía ganas de nada. Fue muy doloroso, más siendo uno de los 5 grandes. Peleábamos el descenso y estábamos a dos partidos de ver qué pasaba. El primero fue vs River. Hice los dos goles, ganamos 2 a 1 y me echaron. Al día de hoy sigo sin saber por qué me echaron. Al otro partido jugábamos vs Argentinos: el que perdía se iba. Yo al estar suspendido me lo perdí. Fue el día que Delgado erra el penal y después nos vencen.
¿Hubo polémica con el arbitraje?
Creo que fue una pelota que le alcance a Alonso y el árbitro me vio. Te digo más, al tiempo se supo que ese árbitro tenía una zapatería y encima era hincha de San Lorenzo. Creo que le fueron a hacer quilombo allá al pobre. Pero no tengo rencores.
¿Cómo analiza al futbol de esa época con el de ahora?
Antes se jugaba con 5 delanteros, más dos mediocampistas. Atacaban 7 en el área. Hoy si ves a un 9, es casualidad. Más con todo esto del falso 9. Después se inventó lo de 9 retrasado como enganche, quedando solo dos delanteros. Pero siempre teníamos gente antes. Hoy en día no lo ves tanto en los mediocampistas. Lo mismo que el remate de media distancia. Es un recurso que se usa muy poco. Por ejemplo, yo pateaba desde cualquier lado. La agarraba y tiraba el bombazo desde donde venía. Lo mismo que los mediocampistas. Actualmente, hasta que no se llega abajo del arco parece que no vale. No hay tantos delanteros de la estatura que había en ese entonces, un Batistuta por ejemplo. Un 9 alto, “tanque”. Son todos de estatura mediana. Nosotros terminábamos el entrenamiento y a veces nos quedábamos ahí con los muchachos a practicar tiros libres, centros, y demás. Hoy terminan los entrenamientos y vuelan. No hay tanto compromiso. Como yo digo con la selección. Deberían ser todos locales. Traen a todos de afuera que son multimillonarios, que vienen dos días antes. Tendría que haber un proyecto con los de acá, dos veces a la semana, que trabaje una selección local. La AFA debería obligar a los clubes a darle los jugadores a la selección y que trabajen. Trae dos o tres de afuera, si querés. Tráelo a Messi y rodéalo con un trabajo estipulado previamente.
¿Qué pasa hoy con la Selección?
Messi no rinde porque nadie lo acompaña ni lo apoyan como en Barcelona. Allá juegan de memoria con él. Pero es imposible trabajar si llegan tres días antes de los partidos que son definitorios. Messi camina en la cancha, no corre. En Barcelona también hace eso. Pero en España sí tiene a la gente que corra por él. Acá dicen que a Messi no lo acompañan. Pero si vienen y se juntan como un equipo de barrio, improvisado, sin trabajo, es imposible que, con tan poco tiempo, el DT les diga “miren vamos a jugar así” y quede una idea afianzada. A mí me pasó también. Lorenzo me pedía que haga tal y tal cosa, pero cuando entraba en la cancha hacia lo que mejor sabía hacer, no otra cosa. Hacía lo mío. Si cada jugador hace lo que mejor sabe hacer, la selección cambiaría rotundamente. Pero Argentina debe trabajar en conjunto. No se puede venir, juntarse y listo.
¿Y su experiencia en la Selección?
Jugué en el 76’, en la de Menotti. Esa gira que fue por Polonia y Rusia. Lo que pasa es que él no quería llevar jugadores de San Lorenzo. A mí me convocó por los 60 goles que hice. Se vio obligado a hacerlo porque nunca me quiso. Yo nunca fallé. Hasta le hice goles y todo en los 6 o 7 partidos que jugué. Nunca me fue a ver, ni me llamó, ni nada. Era lógico, al ser del palo de Huracán. Ojo que a mí me vino bien eso, dentro de todo. El último partido de esa gira es en Sevilla. Ahí el club habla con Houseman para contratarlo y les respondió que él de Argentina no se iba. Entonces hablaron conmigo si había una posibilidad. Y les dije que sí, que arreglen con el club. En ese último partido, agarré y pegué un tiro libre en el travesaño de 40 mts. En Sevilla quedaron sorprendidos por eso, amén de los 60 goles hechos. Con eso le gusté a la gente.
¿Por qué decidió irse?
Hubo tiempos en que prácticamente ni cobrábamos. Teníamos sueldos que a veces nos daban cheques voladores, como se los llamaba en el tiempo de antes. Lo que buscábamos siempre era irnos afuera para hacer la diferencia. Entonces tomé la decisión de irme a Sevilla y dentro de todo me fue bastante bien.

 

¿Habló con Menotti después de eso o nunca sintió la necesidad de hablarlo?
Nunca más lo vi ni lo quise ver. Lo más lindo es que cada vez que me sacaba, yo hacía un gol y me iba a duchar. En Polonia perdíamos 1 a 0. Luque me da una pelota en profundidad y saco un zurdazo cruzado y lo empato. De ahí me fui derecho al vestuario. Partido que me ponía, yo respondía con goles. Cuando debuto ante Paraguay en un cuadrangular organizado por AFA, junto a Brasil y Uruguay, hice 3 goles y ganamos. O sea que en la cancha no me podía decir nada. Siempre le hice los deberes. Lo mío estaba cumplido.
Por esto de “haber hecho los deberes”, ¿no le dolió tanto quedar afuera de la nómina del 78’?
Sí, me dolió mucho. ¿A qué jugador no le va a gustar ir a un Mundial? Yo jugué los Panamericanos del 71′ en Colombia. Salimos campeones. Y me habían hablado en España en su momento para jugar con la selección en el Mundial 78’. No podía por haber jugado con la celeste y blanca en los Panamericanos, sino jugaba. Además de ganar plata por nacionalizarme, hubiera jugado una Copa del Mundo. Tuve la posibilidad ir a jugar a Alemania, en el 74’. Pero me esguincé, me enyesaron y me lo perdí. El único partido que yo fui a ver al Mundial fue el primero en cancha de River. Entonces la gente me preguntaba porque no estaba en la selección. Lo único que atinaba a responder era “Menotti no me quiere, pregúntenselo a él. Yo soy de San Lorenzo, él es de Huracán”.
¿Qué 9 necesita argentina, después de todos los que desfilaron?
No hay goleadores natos. El último que vi fue a Batistuta. Después de ahí no salió ninguno. Messi viene acá y no hace goles. Va a Barcelona y los hace todos. Lo mismo con el resto. No creo que le pese la camiseta, pero sí les pesa el bolsillo. Les da lo mismo jugar o no jugar, ganar o no ganar. La plata mató a la pasión. Antes se vivía de otra manera. Yo me acuerdo que, en el Viejo Gasómetro, salíamos de los entrenamientos y cuando la gente nos iba a ver, estábamos casi una hora firmando autógrafos en las camisetas o banderas. Hoy en día todos agarran su auto y vuelan. No es así. Viví un hecho particular que me dolió mucho. Fui con mi nieto a la salida de un entrenamiento de San Lorenzo y lo llevé para que le firmen la camiseta. Él quería que se la firmen los muchachos, con la casaca puesta. Pero pasaron de largo. Tuvo una desilusión muy grande. Después la conseguí por otro medio y listo. Pero la realidad es que él la quería en vivo y en ese momento. Una lástima que no se tomen ese tiempo los jugadores actualmente, como sí lo era antes.
Cuando uno lo escucha hablar al Gringo, le transmite seguridad. Confianza. La misma que tenía en sí mismo al momento de rematar al arco. No por nada consiguió los premios que logró. Y se ve reflejado alrededor, en medio del museo que tiene instalado en su casa con las diferentes camisetas que cambió a lo largo de su carrera, el Olimpia de Plata, y demás títulos conseguidos. Pero conserva la humildad de los grandes, y ante la consulta de a quien le debe todo lo que vemos aquí, no lo duda ni un segundo: “al fútbol más que nada, pero principalmente a mi familia y amigos que me apoyaron en los malos momentos. Y también le debo prácticamente todo a San Lorenzo”.

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