INDEPENDIENTE RECUPERÓ SU MÍSTICA COPERA

Independiente es el primer finalista de la Copa Sudamericana, tras vencer 3-2 en el global a Libertad de Paraguay. En un partido complicado, el Rojo sacó a relucir su olvidada chapa copera y accedió a la fase definitiva. Los puntos altos para destacar: Gigliotti, Tagliafico, Silva, Meza, Barco… En fin, todo conduce a un denominador en común: su DT.

 

Holan, quien hace aproximadamente un año dejó su cargo como entrenador en Defensa y Justicia tras resultados adversos, tuvo su revancha. Cuando llegó al club de sus amores, mencionó que quería refundar la institución, con una revolución. Para devolverle su identidad. Su idiosincrasia. Muchos lo castigaron. Lo ningunearon por sus drones y demás métodos laborales. Hasta le faltaron el respeto, incluida su pelea con los “pesados” del Rojo. Pero a base de esfuerzo, trabajo, y por sobre todo, humildad, le otorgó a esta camada de jugadores valores con un claro sentido de pertenencia. Les transfirió lo que vio en la época gloriosa del club, desde su emblemático saludo hasta el juego lírico y aguerrido a la vez.

 

Hablando netamente de esto, la primera emoción del encuentro llegó a los 17 del primer tiempo. El Rojo se encontró con un regalo de la defensa de Libertad. Penal infantil y Barco tomó la posta. El Puma merodeaba, pero no quería que los fantasmas del pasado acechen nuevamente. La joyita del Diablo convirtió y empató el global. Pero Independiente quería más. Así lo transmitió Holan con sus intenciones e indicaciones. Por eso el pibe corrió a buscar la pelota en el arco y la puso en el centro del campo de juego. No había tiempo para festejos. Segundos más tarde, Gigliotti marcó el segundo tanto, para el delirio del Libertadores de América. En una jugada del laboratorio holanista, iniciando la jugada en área propia, el 9 la empujó debajo del arco y despejó las suspicacias en torno a quien debía ser el centro delantero titular, tras el gran partido de Fernández en el clásico vs Racing del domingo pasado.

 

Pero la réplica no tardó en llegar. Libertad, mediante una jugada de pelota parada, consiguió el descuento y el 2-2 global. Con ese resultado, los paraguayos accedían a la siguiente instancia por el tanto de visitante. Si dos cabezazos en el área son gol, imagínense tres. La creación de la misma, fue propia del básquet con una “doble cortina” para que quien metió la pelota al área chica reciba solo, para la posterior conquista de Ángel Cardozo. El Rojo, ya con la obligación del resultado, lo acorraló nuevamente. Y con una jugada similar al segundo gol, Silva desbordó desde el costado izquierdo y sacó un buscapié que cruzó toda el área. El olfato goleador del Puma estuvo presente y solo desvió la pelota para el 3-1 definitivo. Fueron 30 minutos de una ráfaga roja, en donde Independiente, desató el mismísimo infierno. En el segundo tiempo, solo le tocó aguantar y padecer. Porque en esta copa para los de Avellaneda, parece ser que, si no se sufre, no vale.

 

Párrafo aparte para Gigliotti. Olfato goleador, inteligencia para percibir la jugada antes y anticiparse y el sacrificio necesario en partidos de esta índole. Justo el 27 de noviembre de 2014, Emmanuel erró aquel tiro desde los doce pasos, por las semifinales de Sudamericana en el recordado Boca vs River. Mientras al delantero este acto lo sepultó en Argentina, para Barovero significó su consagración. Tres años y un día después, tuvo su revancha. En un país en donde un error te condena al exilio, el Puma logró su redención. Otros puntos destacados: Tagliafico. El capitán sacó todo, metió, trabó y creó juego desde la salida. Meza, con un nivel excelso. Gambeteó a propios y extraños, y se asoció con Barco, otro de los claves en la remontada. Silva, asistidor del 3° gol y un baluarte en la defensa. Por último, cabe agregar al venezolano Amorebieta. Entró en el segundo tiempo para defender los acechos aéreos de los paraguayos y no les permitió penetrar a los rivales. La mancha: el foul que cometió al cierre del encuentro al borde del área. Si Salcedo lo convertía, hoy contábamos otra historia.

 

Independiente siempre jugó para adelante, sin frenar ni tocar hacia atrás para no permitirle a la defensa contraria que se reacomode. No realizó pausas, fue punzante, directo y convencido. En el segundo tiempo, le permitió crecer al rival al no ser eficiente en el manejo de pelota. Le costó horrores defenderse con la posesión y casi lo paga caro. Pero si nos detenemos en los merecimientos, es un justo finalista.

 

El Rojo, en el último tiempo, se dio el lujo de tener a dos técnicos de gran estirpe “made in Defensa y Justicia”: Almirón y Holan. El primero, al cual los resultados y la impaciencia de la gente de Independiente lo hostigaron hasta el cansancio, está en la final de la Libertadores. El actual, en la Sudamericana.

 

Este presente de Independiente es todo mérito del entrenador. El DT desde el inicio arribó con la convicción de revolucionar el club. Devolverle sus orígenes, su identidad, su idiosincrasia. Visto de reojo por propios y ajenos, fue el estandarte de un proyecto, en principio, utópico. Pero su sueño, se convirtió en realidad. Su equipo saluda como en la década del 60′ y 70’ en cada estadio que recorre, y su equipo tiene una marcada línea de juego: la del Paladar Negro, con galera y bastón. Para remarcar aún más la pasión que siente por el Rojo, rememoró a su padre, al final del partido. Emocionado, con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos, declaró “para mi viejo que me está mirando desde arriba y me trajo tantas noches como ésta para disfrutar”.  Gracias a los “drones de Holan”, Independiente recuperó, no solo la memoria, sino también su mística copera.

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