LA ORQUESTA DEL MUÑECO

Cuando todos creían que lo de River era irremontable, el Muñeco Gallardo lo hizo de nuevo. Demostró nuevamente que no le pesa en absoluto la adversidad. No está en su diccionario la palabra fracaso. Y eso les transmitió a sus jugadores. En la noche de la primavera, el Millonario se floreó. Goleó 8-0 a Wilstermann, borrándolo del campo de juego, consiguiendo récords y se candidateándose a ganar la Libertadores. Si el Torito Cavenaghi pretendía un regalo de cumpleaños soñado, vaya que lo tuvo.
Más allá de que los partidos hay que jugarlos, porque la teoría solo queda en los manuales, Wilstermann jamás fue rival. Lamentable presentación de los bolivianos que jugaron a desgano y dejando una imagen deplorable. Lo de River es cierto que no fue un milagro celestial, sino todo terrenal. El DT no hace magia, aunque parezca. Trabajo, planificación y convicción son premisas que definen la idiosincrasia de Gallardo. Los jugadores se contagiaron y entendieron a la perfección la idea del técnico. El Millonario lo pasó por arriba a su contricante, en todos los sentidos: actitudinal, técnico, estratégico y psicológico.
River salió al campo de juego convencido. Se animó. Corrió el riesgo. Fue valiente en salir a buscar el partido, amén del latente gol de visitante tan temido y que suele ser lapidario. Con un espíritu competitivo admirable y amor propio, expuso un fútbol de alto vuelo. Lució como en una función sinfónica, con bastón y galera, dando un show histórico. La contundencia que no tuvo en la ida la demostró en la vuelta. Jugadas sobraron, goles también. Se dio el lujo de revertir la serie dos veces, una en cada tiempo. Los parciales de 4-0 en cada uno, así lo evidencian. Con sus goles, Scocco (5) mismo podría jactarse de dar vuelta la eliminatoria.

 

Histórica noche. Memorable. Y consagratoria para muchos. El ex Newell´s es el primer jugador que logra convertir esa cifra en un solo partido de fases de eliminación directa, en toda la historia de la Copa Libertadores. Seguramente que los hinchas ni se acuerden de Alario, que justamente, hoy fue habilitado para jugar en Leverkusen. La nostalgia por Lucas ya es cosa del pasado. Llegó la hora del show de Nacho. Una actuación solemne. El 10 no alcanza para puntuar su rendimiento. Su tocayo Fernández, no quiso ser menos. Fue la batuta del Muñe. Manejó los hilos y tiempos del equipo. Creó infinidad de jugadas desde su pie izquierdo. Hasta se dio el lujo de marcar uno: la noche de los Nachos.
Hasta hubo tiempo para exquisiteces. En el cuarto gol, Scocco asistió con fineza a Enzo Pérez: un pase milimétrico que dejó sin chances a la defensa rival y solo tuvo que definir. Aunque eso no fue todo. El ex Valencia se guardó la sutileza para el último gol. La frutilla del postre, de costa a costa. Inició desde su área. Contragolpe 3 vs 2 comandado por él. Amagó un pase y aceleró para sacar ventaja, entremedio de los defensas. Se la picó al arquero y dibujó la octava maravilla. Era para cerrar el Monumental y poner el gol en un cuadrito.
La hinchada desató la euforia y festejó el pase a semifinales, ante la angustia vivida una semana atrás. Mención honorifica a la recurrencia en el estadio que, a pesar del día y el clima, asistieron con plena convicción de revertir la serie. El apoyo fue de principio a fin. Ovación para Pity Martínez, un jugador resistido en sus comienzos, pero reconocido finalmente. Aplausos para Scocco, quien con este repóker, hace recordar a los goles importantes convertidos por Alario en la Libertadores 2015. Fernández y Pérez se encaminan a ser ídolos en el club, por su estilo de juego consecuente al paladar Millonario. Este es el famoso River…
Esta victoria eleva la confianza del equipo y hace temer a quien se atreva a enfrentarlo, que al fin de cuentas, será un viejo conocido del país: Lanús. Venga quien venga, los hinchas se fueron a casa contentos. Fueron con la expectativa de que su equipo acceda a la siguiente ronda y vieron una obra de Beethoven. Los espectadores ovacionaron al director, pero él respondió pidiendo aclamación para sus músicos. Sabe que sin ellos la sinfónica no suena. Pero en cada ensayo, todos saben quién es el director y el nombre de la banda: es la orquesta del Muñeco.

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