LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Argentina fue un equipo contra Italia y otro totalmente distinto ante España. En el primero, la selección dominó y superó con holgura a su par italiano. Dominó la pelota, llegó con claridad en varias ocasiones  y los goles fueron tras grandes jugadas colectivas y presión ofensiva. Aunque en el segundo encuentro de la gira, todo cambió. Los comandados por Sampaoli se convirtieron en sumisos al fútbol champagne español. Si alguno creía que Argentina era potencia, la realidad nos dio un baldazo de agua fría. A tiempo. Y no cuándo hay que armar las valijas para volver de Rusia.

 

Sampaoli fue en contra de sus ideales vs España. Pregona un juego de posesión de pelota,  amplitud del campo para optimizar los espacios y buena salida desde la zona defensiva; pero hizo todo lo opuesto. Conformó un doble 5 con Mascherano y Biglia, ambos más recuperadores que creadores de juego. Se incomodaron mutuamente y jamás lograron el orden que, en teoría, pensó el DT. Al contrario: no le dieron salida al equipo y nunca gestaron una situación favorable para nutrir a los atacantes. De hecho, el técnico en conferencia afirmó: “la idea era defendernos con la pelota”. No hay nada más que agregar. Otra incoherencia fue adaptar el juego propio, al del rival. Es cierto que Argentina no tiene la jerarquía en el medio que sí tienen los europeos. Pero pretender recuperar la pelota para asistir a jugadores que no está en sus características la velocidad, es un desatino. Ni Banega, Lo Celso o Higuaín podían cumplir esa función. Aspiró al milagro de los laterales, que tampoco sucedió. Solo Meza, quien fue de lo más destacado del combinado albiceleste.

 

Contra Italia, Tagliafico, Lanzini y Lo Celso sumaron varios puntos de cara a la lista definitiva. Dybala, sin estar presente, demostró que debe estar obligatoriamente, mínimamente como recambio. Ante España ninguno suplió la ausencia de rebeldía y atrevimiento, con la salvedad del jugador de Independiente. Otro que demostró estar a la altura, es Caballero. Evidenció seguridad, presencia y confianza en el arco. Además, posee una ventaja clave, a ojos del DT: buen manejo de pelota con los pies. En muchas ocasiones fue la primera salida, acertando más de lo que erró. Lo único cuestionable, fueron las dos salidas en falso que tuvo en el tercer y quinto gol de España, respectivamente. En uno tardó en decidir si atacaba al delantero o no, y en el siguiente, lo opuesto. Salió desesperadamente –amen del grosero error de la defensa, al permitir que un saque de arco se convierta en ocasión manifiesta de gol- en una jugada en la cual debió ser prudente y aguardar si los defensores llegaban a tomar al atacante.

 

 

El segundo encuentro exhibió a dos mundos opuestos: un país con un proyecto futbolístico sostenido desde hace 10 años, y otro, a los tumbos. Tres directores técnicos distintos entre mundiales. Una AFA intervenida por una Comisión. Y miles de etcétera; contra un equipo forjado en la esencia de La Liga. No los paralizó el fracaso del Mundial de 2014, al volverse en primera ronda. Al contrario, los revitalizó. Argentina creyó que era potencia.  Pero sin Messi, somos uno más del montón. Un caso similar sucedió en Brasil. Luego de ser vapuleado en su casa 7-1 por Alemania, redireccionó el estilo de juego e hizo el recambio a tiempo. Recordemos que al principio de las Eliminatorias de Rusia 2018, el equipo no tenía rumbo. Hasta que llegó Tité: de 18 encuentros, gano 14 y perdió uno. Encima, se desquitó de Alemania, sin Neymar.

 

Argentina ya no tiene tiempo para una revolución. Deben ir los que mejor estén y quienes se adapten y complementen con Messi. Hay que ver muchos partidos del Barcelona y encontrar a los jugadores más parecidos de nuestra nacionalidad en cada puesto, para que el 10 este lo más cómodo posible en cancha. El recambio y el proyecto a largo plazo, se deberá postergar pos mundial. En estos dos meses, Sampaoli tiene que enderezar el rumbo y definir un estilo. Porque en esta gira, salieron a flote todas las contradicciones habidas y por haber. En un encuentro y otro, Argentina manifestó las dos caras de la misma moneda.

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