LE SOLTARON LA MANO

Culminó la novela del invierno en el mundo Boca. Finalmente, Ricardo Centurión no disputará la siguiente temporada en la ribera. Tras no firmar con Genoa y retornar al país, el jugador anhelaba defender los colores del club que es hincha –según sus palabras-. Cuando todo parecía encaminado, con un contrato ya elaborado y a la espera de un final feliz para los bosteros, Angelici dio la negativa, consensuada con el director técnico, para que el volante no continúe su carrera en la institución.
Parece ser que esta dirigencia vive obstaculizando la continuidad de los jugadores que efectivamente desean profundamente vestir la azul y oro. Comenzó con Riquelme, tras idas y venidas en las cláusulas del contrato, el 10 finalmente regresó al club que lo vio nacer futbolísticamente y se retiró allí. Siguió con el otro ídolo, Tévez, quien se marchó a China por los millones de dólares, pero en clara disconformidad con la dirigencia por no formar un plantel competitivo internacionalmente ni de su círculo íntimo. Por último, Centurión. Un jugador que brilló en la temporada y demostró que para nada le pesó cargar con la mochila del “10” en la espalda. Con la partida del Apache, Ricky se hizo cargo de los hilos del equipo en ofensiva y fue determinante para que Benedetto se convierta en el goleador del campeonato. Con su desequilibrio individual, su capacidad para juntar rivales y desparramarlos por la cancha, junto a su facilidad para recibir faltas, el Xeneize jamás sufrió un encuentro por carencia de oportunidades de gol. Sin dudas que el ex Racing, evidenció aptitudes de sobra en la cancha para continuar en la institución. Aunque fuera de ella, a entender de la directiva, no tanto.
La capacidad de prejuzgar a una persona en nuestra sociedad, hoy en día, asombra por su malevolencia. Sin conocer, sin profundizar ni averiguar sobre el tema y mucho, pero mucho menos, sin ponerse en el lugar del otro. Lo que más sorprende, es el argumento por parte de la dirigencia para no contratarlo: “la gota que rebalsó el vaso”. Salió a un boliche con amigos y, fuera de sus cabales normales, se vio envuelto en una trifulca con un hincha que solamente le solicitó una foto. Resulta extraño que este sea el causal de la decisión, ya que no es novedoso en la vida privada del jugador. De todas formas, fue el motivo perfecto para ejecutar lo que ya estaba decidido en la mentalidad de la CD, pero nadie se animó a dar a conocer públicamente. Aunque del acontecimiento efectivamente grave, nada se mencionó. Nadie ahondó en el asunto y todo siguió como si nada. Quizá, ese hubiera sido el momento justo para tomar partida y una determinación, sea cual fuera la pertinente y a costa del impacto que hubiera producido. Pero como rendía en cancha, prefirieron tirar la “basura debajo de la alfombra”. Hoy, parece que del caso de violencia de género hacia su ex novia, ya ninguno se acuerda. Ni siquiera la misma institución, en su momento, se manifestó al respecto. Un hecho sumamente delicado y totalmente repudiable, del cual deberá encargarse la justicia de reunir las pruebas necesarias para condenarlo o no, y que cumpla con lo que demanda la ley.
Pero los reyes de la moral, dieron su sentencia –como siempre- antes que la misma justicia, y castigaron al jugador a tal punto que revirtieron una decisión tomada; con dudas, es cierto, ya que los directivos nunca desearon retenerlo, pero lo hicieron volver de Europa a pedido del DT. No solo Centurión declinó una oferta –uno supone, superadora en lo económico- sino también desdibujó su imagen profesional (amén de lo extrafutbolístico) al plantar horas antes de la firma del contrato al Genoa. Otra vez, el manejo desprolijo de la dirigencia en las negociaciones se refleja por sí mismo.
Esto no quiere decir que Centurión sea una víctima. En absoluto. Debió hacerse cargo de la figura pública que ostenta y la magnificación que tienen sus actos por estar en uno de los clubes más importantes de Argentina. Fue protagonista de un accidente automovilístico, realizó publicaciones en redes sociales que lo expusieron más de la cuenta, y lo más comprometido, el caso de violencia de género, que para nada hay que minimizarlo. Aunque si, hay que dejarlo en manos de las personas capacitadas y competentes para tratarlo. Que cercioren fehacientemente con todas las pruebas el agravio y que cumpla la pena correspondiente, si así finalmente se dictamina.
Ricardo necesita ayuda, contención y buenos consejeros. Lamentablemente para él, nada de eso tuvo a favor de su protección. Careció de la viveza necesaria para resguardarse, al menos por un tiempo prudencial. Nadie está en contra de que salga a un boliche. La gran mayoría lo ha hecho. Lo que sí llama la atención, es la facilidad con la que se comprometió a sí mismo. Alimentó a sus detractores y a la sanata periodística, para que siguieran hundiéndolo. Finalmente, lo consiguieron. Ni Guillermo, el único que siempre lo bancó, pudo hacer algo al respecto. Cuando debía mantener firme su posición y no dar el brazo a torcer, prefirió hacerlo. Seguramente se sintió decepcionado y a su vez, se evitó un problema a futuro ya que Ricky, con sus acciones, era una bomba de tiempo. Impredecible tanto dentro como fuera de la cancha. Al Mellizo lo desilusionó la salida y un nuevo inconveniente. El último, debido a que, de común acuerdo con la directiva, le soltaron la mano.

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