SUPERCLÁSICO: UNA CONTIENDA BOXÍSTICA

Los del superclásico, no son un domingo más. Y el de ayer, menos lo era. Porque había algo especial en la previa. El contexto estaba delimitado por la eliminación de River en la Libertadores y un Boca puntero, invicto y con un solo gol recibido hasta el momento. Un equipo de Gallardo que necesitaba un envión anímico y nada mejor que lograrlo ante el máximo rival. Por su parte, para el Xeneize era la primera “prueba de fuego”, si se quiere, ante un contrincante que lo iba a incomodar desde el arranque. Todo estaba listo. El combate número 200 entre ambos, fue similar a una contienda de boxeo. El ring: el mítico Monumental.

 

La gente de River realizó una previa maravillosa, con pancartas, una coreografia con las siglas CARP y hasta se acordaron de la selección. El Antonio V. Liberti estaba vestido de gala y el conjunto de Gallardo, quería que la fiesta sea completa. En ese marco comenzó el encuentro. Los primeros minutos, al igual que en el deporte de los guantes, fueron netamente de estudio. Ninguno arriesgó más de la cuenta y especularon con ver qué hacia el rival. Primer round, tablas. Quien primero se aproximó fue River, sin mayores riesgos. Luego Boca creció, tomó protagonismo y se asemejó a ese equipo que nos tiene acostumbrados. Con Pablo Pérez como estandarte, el Xeneize gestó juego desde sus pies y tuvo dos remates claros por parte de Cardona, bien respondidos por Lux. Segundo round, Boca. Los de Guillermo siguieron con su dominio y en el Millonario crecía el nerviosismo, las faltas y los amonestados. Pero los visitantes se desinflaron y gracias al liderazgo de Ponzio, River se envalentonó. Tuvo una clarísima: centro de Rojas, Pity Martínez la mata con el pecho, caño a Fabra y Magallán cortó de manera providencial un gol que parecía cantado. El mismo Ariel tuvo la segunda, tras un grosero error de Rossi –de los pocos que tuvo- que inmediatamente remedió. Round 3, para River. Hasta el momento, todo era parejo. Como todo superclásico, de ida y vuelta, sin un amplio dominador y con un juego brusco evidente.
Desde ese mismo juego aguerrido, se produce la ruptura del encuentro. Nacho Fernández le da una patada demencial en el pecho a Cardona y ve la roja directa. Irreprochable, salvo para algunos jugadores de River, que aun seguían con la herida abierta del martes por la noche. El round 4 es de Boca, ya que el Millonario bajó la guardia. Inmediatamente después, aprovechando el desasosiego riverplatense, el Xeneize conectó un derechazo prácticamente letal. Cardona tomó la pelota, la acarició, la besó y la puso en el ángulo del palo del arquero. Cualquier semejanza a la pegada de un tal Juan Román, es mera coincidencia. Tambaleando e irreconocible estaba este River, que en el quinto round casi cae al suelo, desplomado y abatido.

 

Párrafo aparte para lo sucedido en el entretiempo. Los jugadores del Millonario le cayeron a Pitana por la expulsión de Fernández y, con mayor efusividad, Enzo Pérez. El ex Estudiantes vislumbraba que aun la mente del equipo de Gallardo seguía en la eliminación de la Copa Libertadores. Sus palabras así lo denotaron: “inventaron el VAR para sacarnos de la copa”. Este hecho, descontextualizado y fuera de lo estrictamente futbolístico, quiérase o no, desvirtuó el partido. Porque en el segundo tiempo, el árbitro no fue el mismo ni tuvo la rigidez criteriosa que sí había tenido en los 45’.
Los de Guillermo se relajaron con estos dos golpes certeros y se confiaron. Con un hombre demás, le dieron el pie para que River creciera. Y lo hizo. El Xeneize se resguardó en demasía, apostando a una contra en lugar de dar el golpe de gracia, y a los 8’ Scocco quedó mano a mano con Rossi. Pero el 1 demostró nuevamente, que ya es arquero de equipo grande. En las pocas que lo obligaron a responder, apareció. Round 6, para los locales. A posteriori, llegó el turno del protagonismo del árbitro y las secuelas de ese caótico final de tiempo. Porque en todo superclásico, siempre está ese (o esos) que quieren arrobarse más de la cuenta, y que los flashes, pasen por él (o ellos). Y Pitana desnaturalizó el encuentro con una insólita expulsión a Cardona. El colombiano le puso la mano en el hombro a Enzo Pérez y el riverplatense cayó como si le hubieran disparado desde el más recóndito edificio de Barrio Norte, con una Magnum Sniper en el medio del pecho. El Round 7, se lo regala el réferi a los Millonarios y le propina a Boca un severo impacto.  El Xeneize perdió los estribos y con el empuje de la gente y la garra de su capitán, Ponzio, revalidó su lugar en el campo.  El volante, de lo mejorcito en los de Núñez, metió un bombazo desde afuera del área inatajable para Rossi, ya que pegó en el costado de la red. Los de Gallardo lastimaron en el momento justo y le hicieron sentir el rigor a los bosteros. El Monumental estalló y todos celebraban el round 8. Pero la respuesta no tardó en llegar. Un Boca enfurecido y comandado por sus dos máximos exponentes de temperamento (Pérez y Nández)  llevaron a torcer la historia y aplicar el golpe que dejó a River contra las cuerdas. El uruguayo tuvo su debut en un superclásico de manera soñada, con gol incluido, le dio la alegría a los hinchas de Boca y también, el noveno round.

 

Perdido por perdido, el Millonario salió a la carga a tirar golpes a mansalva, con el fin de igualar las cosas, pero dejaba la retaguardia a descubierto. Boca pudo haberle dado el golpe de gracia en varias oportunidades, pero por una u otra cosa las dilapidó. Enzo Pérez se disfrazó de bombero y con un cruce magnífico le extirpó a Fabra lo que era el 3-1 definitivo. Como un destello en la oscuridad, River encontró luz tras esta jugada y tuvo una en la que, otra vez, Pitana junto a su asistente Bellati, dejaron el juego a un segundo plano. Un mal cierre del 3 Xeneize le regaló la pelota a Auzqui, quien la salvó en la línea pero el juez interpretó que se había ido la totalidad del balón (cuando no fue así) y cobró saque de esquina. En la prosecución de la jugada, Scocco había convertido. El “No fue córner”, con el mismo protagonista, pero ahora a la inversa, como una especie de karma. Ese golpe fue el KO para River, que más allá de la valentía de ir a buscar el empate y arriesgar, jamás estuvo cerca de conseguirlo, en cierta manera, gracias a la actuación consagratoria del 1 de Boca. Por su parte los de Guillermo pudieron terminar el combate con varios contragolpes, pero nunca dieron en la tecla y por eso al Millonario le perdonaron la vida hasta el último segundo.

 

Boca estuvo más preciso en los detalles y por eso ganó el partido. La jerarquía individual y el estado anímico fueron factores determinantes. Los clásicos se ganan por delicadezas y el Xeneize supo dar los guantazos sutiles en momentos quirúrgicos. Rossi tuvo una actuación soberbia y dejó en claro que llegó al club para quedar en los libros de los grandes. Lo contrario sucedió en la vereda de enfrente. Entre Lux y Batalla no terminan de suplantar a Barovero, que cada vez, River lo extraña más y más, como así también a aquella defensa copera de memoria que hoy no da pie con bola. En el palo por palo, Boca conectó más, lo dejó a River contra las cuerdas, y se llevó el superclásico por puntos en las tarjetas. No lo pudo dejar KO, pero sin lugar a dudas, que este mazazo a lo Monzón, traerá cola en el conjunto de Gallardo y compañía.

Dejá una respuesta