TRANSFORMAR LO NEGATIVO EN POSITIVO

Desde tiempos remotos, la actividad física cumple un rol fundamental en la humanidad. En la Antigüedad, tener una gran capacidad atlética era sinónimo de prestigio, ya que la mayoría de los hombres con esta cualidad eran utilizados para la guerra o se convertían en gladiadores. Posteriormente, surgieron los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, en donde se permitía a este tipo de hombres –en ese momento- mostrarse ante su gente y batallar por el honor y el respeto. Una de las disciplinas originales fue sin lugar a dudas la lucha, la cual llegaba a tal extremo de, en ciertos casos, disputarse hasta la muerte. Inclusive había poca reglamentación para la época. Casi todo era válido: utilizar y tomar las piernas, no existían diferentes categorías según el peso del luchador, ni tiempo de combate, por citar algunos ejemplos. Actualmente, lo que más se asemeja a ese tipo de pelea –a diferencia de lo que todos creen con la grecorromana- es la lucha libre. Una disciplina que fue puesta en duda para Tokio 2020, poniendo en jaque todas las convenciones de los ultraconservadores por ser una de las fundadoras, aunque finalmente se confirmó su presencia. Por lo tanto, podrá seguir marcando y definiendo la vida a los luchadores que compitan, como ocurrió en Atlanta 1996, cuando Kurt Steven Angle conquistó la medalla de oro en la categoría de 100 kg.
Pero para llegar a conseguir tal anhelo, Kurt tuvo que pasar un arduo proceso en su vida y no solamente a nivel entrenamiento. Todo fue muy cuesta arriba desde sus inicios. Cuando tenía 16 años, su padre falleció a causa de un accidente en una constructora. Este fue un golpe muy duro en su vida, ya que los unía un lazo muy fuerte y representaba mucho para él. De hecho, su autobiografía se la dedicó a su progenitor. Tras esto, Angle tomó a su entrenador como figura paterna y referente a seguir. Pero como si fuera burla del destino, también le sería arrebatado. A principios de 1996, año en el cual se disputarían los Juegos Olímpicos en Atlanta, Schultz –su coach- fue baleado por el patrocinador del equipo, mientras el luchador entrenaba. Lejos de darse por vencido y bajar los brazos, juntó fuerzas y se propuso como objetivo conseguir la dorada en Atlanta. Pero una adversidad más esperaba al oriundo de Pensilvania en plena competencia. En la lucha final ante el iraní Abbas Yadidi, el norteamericano sufrió la rotura de su cuello, aunque, así y todo, se alzó con la medalla de oro por decisión de los jueces.
Gracias al logro obtenido, Kurt fue contratado por la mayor empresa de lucha libre –escénica, cabe destacar la diferencia con la olímpica- del mundo: World Wrestling Federation (WWF), actualmente, conocida como World Wrestling Entertainment (WWE). Allí conquistó la gran mayoría de títulos posibles, siendo Campeón de las Tres Coronas –Título Mundial, en parejas y secundario- y Gran Campeón; al sumarle uno terciario a su palmarés. Pero su estadía en la compañía no significó solo cinturones. Porque una vez más, la desgracia llamaría a la puerta del campeón olímpico. Allá por septiembre de 2003, su hermana Le’Anne falleció a causa de una sobredosis de heroína justo el día anterior al cual debía enfrentar a Brock Lesnar, ex campeón de UFC, en una lucha de 60 minutos por el Campeonato Mundial de Peso Pesado. Lejos de bajarse la contienda, ambos brindaron el mejor combate del año en esa noche. Un gran ejemplo de profesionalismo y a pesar de la adversidad, nunca rendirse.
Sin lugar a dudas que la carrera de Angle es admirable y deja un legado inigualable. De hecho, fue escogido como mejor luchador de la década (2000-2009) según el Wrestling Observer Newsletter. Pero mejor aún, es el ejemplo de superación que deja en el mundo del deporte y como persona; ya que a lo largo de su vida como “superestrella” sufrió la rotura de su cuello en cinco ocasiones diferentes. Este hecho lo hizo volverse adicto a los analgésicos para contrarrestar el dolor, llegando a consumir la cifra extraordinaria de 65 calmantes al día. Lógicamente, tuvo que recurrir a un centro de rehabilitación para tratar esta grave enfermedad. Afortunadamente, con una excelente ayuda profesional, pero por sobre todo con una gran fuerza de voluntad, Kurt pudo alejarse de las tinieblas y ser un modelo a seguir. Quien se metió en ese terreno tan oscuro y sombrío, puede salir poniendo mucho ímpetu en ello, como él lo hizo. En agradecimiento y como forma de marcar el sendero hacia quienes sufrieron o sufren una situación tan compleja como esa, se dignó a lanzar una aplicación de recuperación denominada “AngleStrong”, en donde cuenta su experiencia y aconseja de como sobrepasar dicha barrera.
Hoy, el destino parece sonreírle al medallista de oro. La WWE cuenta con una sección denominada Salón de la Fama –así como sucede en otros deportes, como por ejemplo en la NBA- y decidió inducirlo este año en reconocimiento a su ilustre carrera y por los logros obtenidos en la industria. Esta noche, se unirá a una selecta lista de nombres reconocidos no solo en el mundo luchístico, sino famosos a nivel mundial como Arnold Schwarzenegger o el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Más allá del merecido homenaje –en vida- por sus hitos deportivos, sin lugar a dudas es inevitable destacar el aspecto personal. Porque si algo caracterizó a Kurt Angle en su vida, es transformar lo negativo en positivo.

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