UNA PELÍCULA DE TERROR

El Monumental estaba vestido de gala. La fiesta se avecinaba. El panorama era alentador. Los resultados de Chile y Colombia, respectivamente, nos eran favorables. Miles de hinchas vestidos de celeste y blanco, a pesar del frío, para presenciar un nuevo partido de la Selección Argentina de Messi y compañía. Millones viéndolo por TV, a lo largo y ancho del país. El telón estaba listo. El público preparado para vivir una noche de película, en la cual el 10 tenía todo el protagonismo. El antagonista: Venezuela. Un rival, en los papeles, accesible ya que se encontraba último en la tabla y sin chances de clasificar al Mundial. Pero la historia no sería como se premeditaba.
Durante el primer tiempo, Argentina dio muestras del equipo que desea Sampaoli. Los jugadores asumieron la idea del DT y fueron protagonistas, con tenencia de pelota y las situaciones de gol más claras, aunque ninguna de mayor riesgo. Al conjunto argentino le faltó eficacia al momento de concretar. Los delanteros fallaron en la definición y los goles que no se hacen en un arco… te los hacen en el otro. Ni Icardi ni Dybala pudieron marcar debajo de los tres palos, tras buenos desbordes, primero de Di María –se retiró lesionado a los 20’ del PT- y a posteriori, de Acosta. Con Acuña en cancha, el equipo perdió profundidad en la banda izquierda, pero ganó mayor posesión de balón. El primer tiempo se iría con un 0 rotundo en el marcador, que ya adelantaba el nudo de la cuestión…

En el segundo tiempo, Venezuela adelantó sus líneas. Creció gracias a la ineficacia de Argentina y a su vez, por convencimiento de que podía conseguir alguna chance concreta de gol. Los murmullos resonaban en la cancha. La Selección parecía haber perdido el rumbo, a poco de comenzar el complemento. Quien debía guiarlos –Banega, el portador de la brújula- se equivocó en la mitad de la cancha y regaló la pelota. La Vinotinto inició el contragolpe. Una pared, que descolocó a una defensa adelantada, (Mascherano salió a cortar a destiempo y jamás regresó en el retroceso) dejó mano a mano a Murillo con Romero, quien definió de manera exquisita por encima del arquero. Primera aparición del monstruo: 1-0 y los fantasmas acechaban nuevamente. Reinó la desesperación y se tomó como premisa el “ganar como sea”. La angustia pudo más que la cabeza. Aunque, minutos después, Acuña, el mejor del equipo, llegó para dar un poco de aire: jugada de lujo por la banda, centro y gol en contra de Feltscher, tras un mal cierre a pierna cambiada. 1 – 1. Desahogo, pero el temor persistía.
El tridente ofensivo de Messi-Icardi-Dybala se esfumó en el segundo tiempo, como todo el equipo. Lógicamente, lo fácil es caerles a los delanteros que no convirtieron. Pero el hecho concreto es que Argentina jamás entro en razón tras del gol y no hubo asociaciones. El “ganar como sea” llevó a la impaciencia. La exasperación en la búsqueda del gol que nos otorgue los tres puntos, obligó al DT a poner a Benedetto por Dybala y jugar con doble 9. El público se ilusionó con la entrada del jugador de Boca. Les parecía haber visto la película del héroe salvador, ante Perú, en aquella lluviosa noche de 2009, con un tal Martín Palermo como estelar. Pero de nada sirvió esa apuesta. Acosta nunca lanzó un centro como consecuencia de un desborde. Al equipo le faltaba profundidad y, por ende, Sampaoli sustituyó a Icardi por Pastore. Buscó una sociedad con Banega para que conecten a los delanteros. Pero no era la noche de ninguno. Ambos estuvieron muy erráticos en el pase final y no asistieron a los de arriba. El tiempo transcurrió, y sin darnos cuenta, la película que pintaba para comedia, terminó en tragedia: empate en 1. A tomar la calculadora. Ver resultados y sacar cuentas. Luego, a prender velas y tener esperanza.
Lo que parecía una fiesta, acabó en drama. El desenlace de la historia culminó en el mismo lugar que al comienzo: zona de repechaje. Los jugadores perdieron los estribos. La Selección quedó contra las cuerdas. Ya no hay margen de error. Es momento de ir a por la heroica, ante Perú como local y Ecuador en la altura. ¿Acaso alguno se disfrazará de Palermo, en el mismo estadio, rival y situación que en el 2009? Los hinchas querrán ver la parte 2 de ese film, con idéntico final. Porque anoche, contra Venezuela, vieron una película de terror.

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