VAR: UN INVITADO QUE PASÓ DESAPERCIBIDO

La discusión sigue al día de la fecha y aún no hay un consenso por ello: la tecnología en el fútbol, ¿es productiva o no? Sin lugar a dudas que la introducción de este sistema de control del juego, marca un antes y un después en la era moderna. Ahora bien, este instrumento puede resultar tedioso para el espectador e incluso para los mismos jugadores. El posible parate de manera constante puede atentar contra la dinámica de este deporte. Y lo más contradictorio del caso, es que a pesar de ser un apoyo más para el árbitro principal, junto a la creación del VOR (Sala de Operaciones de Video) y sus colaboradores, la decisión definitiva, sigue siendo meramente interpretativa.
El VAR llega para ayudar a los árbitros y quitarles cierta presión al momento de tomar una decisión que repercuta en el transcurso del juego. A nivel mundial, en las principales ligas del mundo, ya debutó con algunos fallos acertados y otros, muy discutibles. El primer caso que se me ocurre, es el del Feyenoord vs Vittesse, por la Supercopa de Holanda del corriente año. Allí, el equipo de Róterdam ganaba 1-0 y “marcó el segundo gol”. Pero por una incertidumbre que tenía el árbitro, en medio del festejo, recurre al VAR y cambia una serie de resoluciones: anula el gol, sanciona penal a favor del equipo que había sufrido el gol y amonesta a un jugador. El disparo desde los doce pasos es convertido y la final culmina con empate en 1. Del ficticio 2-0  favoreciendo al campeón de la Eredivisie, a la paridad y posterior definición en la tanda de penales. Por suerte para el juez, Feyenoord se llevó el trofeo. ¿Alguien se imagina que hubiera pasado si, tras esa polémica determinación, Vittesse se consagraba? Un hecho similar ocurrió en la Bundesliga, en el partido entre Borussia Dortmund y Augsburgo. El visitante tenía control de balón en el área rival y el réferi decide retrotraer la jugada hacia el otro costado de la cancha, para cobrar penal para los aurinegros, luego de haber transcurrido más de dos minutos de aquella jugada.

Con estas dos situaciones polémicas, queda evidenciado que falta mucho por trabajar para perfeccionar el sistema. Desde los tiempos de espera para revisar la jugada en la pantalla del costado de la cancha, el momento en la toma de la resolución –para evitar lo sucedido en los ejemplos citados-, el compartir la misma pantalla que los del VOR o la TV (con la ayuda tecnológica de las líneas imaginarias, algo que podría haber evitado el gol anulado por offside al Cagliari en un cotejo vs Lazio por la Liga de Italia) y la sugerencia de los colaboradores. Los jueces no pueden demorar tanto tiempo en la toma de una decisión, pero lo cierto es que para establecer una sentencia, deben estar lo más seguros posibles. Ahí entra la disyuntiva entre la transparencia en el juego y la embestida hacia la esencia del mismo, más precisamente, desnaturalizarlo. ¿Es la viveza esa médula angular del fútbol? Claro que no. Es la dinámica, el ida y vuelta, el buscar constantemente todos los espacios posibles y que resulte un espectáculo entretenido, amén de que no se grite un solo gol – si existe alguno, mucho mejor-. La tecnología debe ser bienvenida, Aunque debe adecuarse a su idiosincrasia. Y a su vez, debe nutrirse de otros deportes para aprender y no repetir errores. Sin embargo, veamos el lado bueno y el vaso medio lleno de la situación.
Con el VAR se terminarán los agarrones –o se limitaran- y las zambullidas en el área, cual película de acción de Liam Neeson. Se tomarán mayor cantidad de determinaciones justas, que polémicas. Pero esto debe estar aún más reglamentado. El hecho de que los jugadores no puedan solicitar el VAR con el gesto de la pantalla porque serían penalizados con una tarjeta amarilla, me parece acertado, aunque debería ser de carácter obligatorio, y no una sugerencia abierta a la interpretación. A pesar de ello, la cuestión debería modificarse de fondo y ser como en el tenis, siguiendo la línea de retroalimentarse de otros deportes. En el mundo de las raquetas, los jugadores tienen a su disposición 3 pedidos de “challenge” (ojo de halcón, es decir, revisar si una pelota entró en la cancha o no, tanto a favor como en contra). Y en el rugby, el único que puede hablar con el colegiado, es el capitán de cada equipo, y a quienes los jueces se dirigen. Fusionando ambos, podríamos obtener la receta mágica para trasladarla al fútbol. Que cada equipo tenga 2 solicitudes de VAR por tiempo, agregándose uno más en el suplementario (en el tie break se suma uno), pero con la condición de que solamente los capitanes puedan requerirlos. Una vez agotados, no hay posibilidad de reclamo. Así se terminaría con dos situaciones: el reclamo impune y agotador de los jugadores, quedando el pedido solo a la potestad del capitán y a su vez, estaría “pactada” la pérdida de tiempo para la verificación de las jugadas –en el sentido de ya saber cuántas revisiones habrá de antemano-.
Con su desembarco en Sudamérica, el sistema de control arbitral va a dar que hablar. Pero para eso, hay que aguardar. En el partido de ida por la semifinal de Libertadores entre River y Lanús, finalmente, no fue recurrido. Esto habla de la buena labor del juez brasileño, Sampaio. Solamente existió una jugada polémica, cuando culminaba el encuentro, en la que se reclamó un penal a Scocco de Braghieri. El mismo Gallardo fue el encargado de reprocharle al árbitro, de manera irónica, que “era un buen momento para utilizarlo”. Por lo pronto, el VAR tendrá que esperar a los siguientes encuentros internacionales para debutar, porque anoche en el Monumental, fue un invitado de lujo, que pasó desapercibido.

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