VÍCTIMA DEL SISTEMA

En un abrir y cerrar de ojos, terminó el ciclo de rosas para Defensa y Justicia. Un equipo humilde que con grandeza fue a pelearle cara a cara a los gigantes con planteles superpoblados de estrellas. El conjunto de Varela se caracterizó por incorporar jugadores con poca continuidad en los poderosos y potenciarlos con una idea clara de esfuerzo y sacrificio colectivo. Poco a poco fue aceitándose con una convicción admirable, y logró alejarse del descenso y clasificarse a la Sudamericana 2017. Claro que todo esto, no hubiera sido posible sin un capitán que comande el barco a la perfección: Ariel Holan.
El director técnico proveniente del hockey, fue ayudante de campo de Burruchaga y Almeyda. Adhirió aún más conceptos en base a esas vivencias y se embarcó en su primera experiencia individual al mando de un equipo profesional de fútbol: el Halcón de Varela. Con sus innovaciones y creencias, hizo que el equipo despegue sus alas en la máxima categoría. Jugadores sin lugar en clubes como Boca y River, formaron la base de la institución sensación en Primera División. Guido Rodriguez, Fabián Bordagaray, Lisandro Magallán y Tomás Martínez fueron los pilares que sostuvieron la idea del DT. Su brújula fue tratar bien la pelota, inteligentemente en búsqueda de espacios, abriendo el ancho del campo y armando sociedades y triangulaciones para avanzar en bloque hacia el arco rival. Una revolución al mejor estilo Menotti, el cual es su referente futbolístico.
Bajo esta línea, logró buenos resultados, alejando de la zona de descenso a Defensa y clasificándolo a la Copa Sudamericana 2017. Pero lamentablemente, siempre se recae en lo mismo. En este sistema en donde su única vara de medir es el resultado, hombres como Holan son condenados a la hoguera. Porque mientras arriesgaba jugando por abajo, iniciando los ataques en los pies del propio arquero y llegando al arco rival con claras chances de gol –más de una vez, concretándolos- nadie se quejaba. Ahora bien, cuando el mismo guardameta o algún defensor la perdía en zona de peligro, y le convertían un gol, era criticado hasta el hartazgo: “hay que revolearla cuando te aprietan, no se puede salir jugando siempre”, versan los sabiondos desde el sillón de su casa. Pero el ex entrenador de hockey, jamás renunció a sus convicciones. Por eso marcó una revolución y pudo sobresalir por sobre el resto.
Pero todo lo bueno tiene un final y llegó de una manera inesperada. Porque no merecía irse de esta forma. Si bien es cierto que presentó su renuncia, a pesar de la insistencia de la dirigencia, merecía irse por la puerta grande, por el estilo que pregonó y el legado que dejó en el fútbol argentino. Fue el único que tomó el toro por las astas y se convenció que, para obtener mayores resultados a largo plazo, hay que tener una idea clara y concreta. Superioridad numérica tanto en ataque como en defensa, consecuencia del agrupe de sus jugadores en ambas áreas, fue una de las claves para el éxito. Pero un éxito distinto al que espera el común del hincha. Porque esperan ganar. No importa cómo. No interesa si se perdió tres partidos consecutivos pese a no merecer ninguna derrota. Hoy en día interesa el triunfo, desprestigiando la causa que, al fin y al cabo, es la madre de todas las consecuencias. Nadie pudo ver que el contexto de Holan y Defensa y Justicia era el más desfavorable, por la escasez de recursos, para implementar ese sistema.  Pero pese a todo se animó y asentó una identidad que, tras pobres resultados, se destruyó en un santiamén. Y por eso tuvo que irse así. Normalmente, el capitán es el último que abandona el barco cuando se está hundiendo. Esta vez fue el primero en irse y siendo víctima del sistema resultadista de la cultura futbolera argentina.

One Comment:

  1. “Aplausos”

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